CUANDO LOS VEAS “HACER DEL DOS”

Iván Juárez Popoca
El tlatoani Moctezuma tenía una eficiente red de espías abarcando el enorme territorio que dominaba y éstos siempre estuvieron pendientes de los movimientos de Cortés y sus hombres; se percataron de que el forastero orinaba y defecaba al igual que los mexicas. Esto, aparte de que el capitán castellano se negó a comer la carne humana que le ofrendaron, les hizo ver que no se trataba de un Dios sino de un ser al que se le podía quitar la vida con un buen golpe de macuahuitl.
El acto natural que en forma refinada describían cómo “hacer de vientre” o “hacer de cuerpo” ahora es considerado execrable y los ciudadanos, especialmente los detentores del poder, lo ocultan a toda costa porque sigue siendo una prueba irrefutable de que son como cualquier otro ser humano, pertenecientes a su vez al reino animal.
Sin embargo, existe una tendencia a enaltecer a personajes con algún tipo de autoridad e inclusive a divinizarlos. Se practica una idolatría que construye becerros de oro: me ha tocado ver a dirigentes populistas a los que les besan la mano (literal) por el hecho de que reparten dádivas del presupuesto mientras que ellos y su grupo se enriquecen y manipulan al pueblo bueno con su demagogia.
He visto pastores que se enriquecen tomando el rol del ser supremo, al grado de que sus feligreses van en su busca y responden positivamente a todas las exigencias que les son impuestas.
Así tenemos políticos y religiosos presentando una imagen falsa, pretendiendo estar sobre la gente normal.
Igualmente puede alguien ser miembro de la aristocracia europea y no será más que un microbio del universo, a pesar de que la tradición lo haga parecer excepcional y ligado a la voluntad del creador. Aunque, desde luego, las monarquías preparan a sus nobles de una manera sofisticada y esto, al igual que a los orientales su legado cultural y religioso, les hace comportarse con propiedad: junto a ellos la mayor parte de los políticos -cómo en México- parecen un montón de pollos escandalosos corriendo de un lado a otro en un corral (con perdón de los pollitos.)
Así pues, a los aristócratas también se les da un lugar ilusorio producto de la imaginación, desarrollado para unificar y controlar a las masas sin que esto evite que la élite responda a las necesidades psíquicas y fisiológicas de cualquier hijo de vecina, Aunque, claro, es preferible ver a la princesa Leonor luciendo su hermosa sonrisa y no sentada en un retrete.
La superioridad de unos sobre otros, y cuya aceptación puede llegar al grado de una herejía inconsciente, es un juego basado en el dinero y el poder; más nadie debería hincarse ante sus semejantes. Un psicólogo que conocí hace años recomienda que cuando te sientas intimidado ante un jefe, una persona famosa o líder poderoso, visualices a ese individuo vaciando el estómago y su aura de ser especial se irá por el caño.
Desde luego que hemos de respetar, admirar y reconocer los dones o preparación de algunas personas y aprender de ellas. Por otra parte, hay reglas, convenciones sociales que no podemos ignorar, pero siempre manteniendo nuestra dignidad y un espíritu crítico porque no hay héroes impolutos, santos sin pecado o políticos que se rijan por la honestidad absoluta.
La ideología nos ha modelado para que seamos obedientes y para hacer reverencias ante los que ocupan posiciones de privilegio, como si fueran entes iluminados que ni siquiera tienen la necesidad de “hacer del dos”. Necesitamos liberarnos de la autoridad que se basa en la mentira, darnos cuenta del aparato digestivo, tomar consciencia de que todos somos humanos, demasiado humanos.



