PAGUE AHORA Y MUÉRASE DESPUÉS

Crónicas del Espíritu
PAGUE AHORA Y MUÉRASE DESPUÉS
Iván Juárez Popoca
Le preguntaron al gran filósofo Chuang-Tzu cuál era el mayor de sus conocimientos y contestó que su más grande sabiduría era que él estaba consciente de su mortalidad y de que podía fallecer ese mismo día.
“Pero eso todo mundo lo sabe.”
“No, la mayoría cree saberlo, pero no lo siente, no tiene una verdadera consciencia de esa situación incontrovertible.”
Esto se confirma en el hecho de que solemos perder el tiempo en cosas superfluas, sumidos en el temor, preocupados por la opinión de los demás y corroídos por el odio hacia el prójimo cuando el simple hecho de nuestra transitoriedad debería llevarnos a querernos los unos a los otros.
Los seres humanos tenemos la tendencia a comportarnos como si fuéramos inmortales. Por ello la filosofía conocida como Estoicismo le da tanta importancia a estar en contacto con el hecho de que vamos a morir (“memento mori”) y no como una práctica pesimista que nos lleva a la depresión, sino por el contrario, que nos ayuda a valorar la vida, aprovechar el tiempo y disfrutar al máximo nuestro paso por la tierra.
Cuando hacemos contacto y hasta platicamos con nuestra muerte, la vida adquiere una dimensión más profunda y maravillosa, los problemas de la vida cotidiana son tomados en su verdadera dimensión y dejamos de sufrir por cosas de las cuales hay que ocuparse, pero que también pasarán.
Sin embargo, nos negamos a asumir la realidad. Por ello es tan difícil vender esos planes que ofrecen algunas funerarias y que consisten en pagar por adelantado los gastos que se tienen que afrontar ante la muerte de un ser querido -o aunque no sea querido- porque en esta sociedad materialista hasta morirse cuesta.
A mí me parece que, si alguien tiene la posibilidad de hacer el gasto y evitar complicaciones a los sobrevivientes, está bien, me parece práctico y de buena voluntad, aunque muchos ni siquiera quieren oír hablar de esa situación inexorable.
Ese tipo de servicios se pueden cubrir en cómodas mensualidades y cubren -de acuerdo al costo- cosas cómo traslado, entierro o incineración y velatorio.
Un amigo mío que vende estos servicios de “pague ahora y muérase después” me enseñó fotos de una bella y confortable sala de velación (con cafecito y toda la cosa) y me dijo que me mostraría la hermosa urna en la que reposarían mis cenizas. Pero la verdad le pedí que no me mostrara más: yo, de por sí, tengo tendencias suicidas y ante tanto lujo y comodidad… ¡hasta dan ganas de morirse!



