Crónicas del espíritu

ENVEJECER CON DIGNIDAD

Crónicas del Espíritu

Iván Juárez Popoca

Tenía más de sesenta años cuando le preguntaron a la actriz María Felix “cómo le hacía para verse tan joven” y ella contestó con desafiante convicción: “soy joven”.

 La forma de pensar y sentir de la diva es un ejemplo de cómo la mente es capaz de influir positivamente en la salud y hasta en el aspecto físico de los seres humanos.

 Por el contrario, una actitud negativa fomenta el deterioro corporal y psicológico.

Conocí a Julio B. cuando él frisaba los setenta pero se veía cómo de cincuenta y proyectaba una personalidad alegre y entusiasta; hacía ejercicio, cuidaba su alimentación y su aspecto en general. Sin embargo, los miembros de un club al que pertenecía empezaron a criticarlo, afirmando que su conducta no correspondía a una persona de su edad y que debía “envejecer con dignidad”.

Mi amigo permitió que influyeran en su actitud y cuando -después de unos meses- lo volví a ver, había subido de peso, lucía desaliñado y envejecido: de aquél tipo jovial que yo había tratado, no quedaba nada. Así de poderosos pueden ser los pensamientos y el verbo de la negatividad.

En realidad un envejecimiento digno implica, sí, aceptar que las facultades físicas han disminuído y que aparecen las arrugas y las canas. Sin embargo, eso no quiere decir que la lucha haya terminado: aún puede el ser humano hacer lo que está a su alcance para mantener el cuerpo y la mente en buen estado. Asimismo hay que valorar los conocimientos adquiridos: la experiencia que, a veces de la manera más dura, ha educado al discípulo en el transcurso del camino.

Se trata de pasar el último tramo de la vida con autosuficiencia física y con una actitud creativa. Para ello se necesita la voluntad de cuidar la alimentación, hacer algún tipo de ejercicio y cultivar el espíritu por medio de cosas como el Arte, la filosofía y una relación compasiva con el prójimo,

 Una característica fundamental que distingue a un ser vivo de lo muerto es que crece, cambia. Es de soberbios pensar que ya se sabe todo: hemos de mantener el interés en el conocimiento infinito, procurar aprender día a día con la capacidad de sorpresa que experimentamos desde la niñez.

 Así que si sientes que todo ha terminado, te sugiero que “cambies el Chip”: proponte alguna meta, apaga el televisor y sal a caminar, trabaja en las cosas que te gustan, toma un libro, conoce gente nueva, ponte bonita o bonito para tí. Date cuenta que eres una creatura de Dios, una maravilla única e irrepetible que merece respeto, cuidado y admiración.

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