Crónicas del espíritu

¿BUENA, MALA SUERTE?… VEREMOS

Crónicas del Espíritu           

¿BUENA, MALA SUERTE?… VEREMOS

Iván Juárez Popoca

“En una aldea de China vivía un campesino con su único hijo. Un día llegó a su granja un caballo salvaje y lograron atraparlo. Los vecinos se acercaron y le dijeron al viejo: ‘¡que buena suerte!’  A lo que este contestó: ¿Quién sabe?…veremos.”

La duda provenía de la experiencia frente a los cambios imprevisibles de la vida: la fortuna es veleidosa puede trastocar todo y por ello el sabio evita la soberbia, aprovecha el momento con un corazón agradecido pero consciente de la impermanencia de la vida y lo inescrutable del destino.

“Un día el caballo escapó y muchos exclamaron: ‘¡Que mala suerte!’ Más el dueño, sin torcer el gesto, se concretó a decir: ¿Mala suerte?

¿quién sabe?”

Una actitud estoica te hace aceptar las cosas como son e incluso procurar el amor por los acontecimientos que se producen (Amor Fati). En primer lugar, las lamentaciones no cambian la realidad. Asimismo hemos de aceptar la existencia en su totalidad y confiar en que a la oscuridad puede seguir un estado luminoso.

“Resultó que el caballo regresó, ¡acompañado de varios más, entre los que había yeguas y potrillos! Los curiosos gritaban: ¡pero qué buena suerte tienes! Sin embargo, para el desconcierto de todos, el anciano se concretó a expresar: «ya veremos.”

El hombre sabía que así como lo malo se torna en algo positivo también puede ocurrir lo contrario y que, generalmente, se da un movimiento pendular tanto a nivel individual como en la historia de las naciones.

“El hijo quiso domar un corcel pero éste lo lanzó por los aires y así le rompió una pierna. Alguién comentó ‘¡menuda desgracia, que mala suerte la de tu hijo’ y, provocando azoro, dijo el padre: ya veremos…”

Una tarde llegaron unos soldados reclutando jóvenes porque el país estaba en guerra. Y resultó que el hijo del aldeano con la pierna lastimada no pudo ser obligado a enlistarse. Muchos padres sufrieron por haber perdido -quizá para siempre- a sus hijos y le dijeron al granjero ‘¡qué buena suerte tienes!”

El hombre sabio,que acataba la voluntad de Dios y sabiendo que hay cosas que están fuera del control de los seres humanos, simplemente afirmó: “¿quien sabe?…¡ya veremos!”

 

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