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UN PADRE, LOS PURÉPECHAS Y LA UTOPÍA

Crónicas del Espíritu

UN PADRE, LOS PURÉPECHAS Y LA UTOPÍA

Iván Juárez Popoca

Uno de los factores que ayudaron a los purépechas a oponerse al dominio azteca fue su conocimiento metalúrgico: sabían trabajar bronce, oro, plata y cobre. Con este último fabricaron armas y herramientas, además de ornamentos y objetos rituales.

 

Por otra parte, a la llegada de los españoles eran maestros en la producción de textiles, cerámica y objetos de cantera. Sin embargo, cuando su artesanía y forma de producir darían un paso revolucionario sería con la llegada de un humilde fraile, a quién los indígenas habrían de llamar «tata (papá) Vasco» expresando el cariño y respeto que llegaron a profesarle.

 

Vasco de Quiroga fue abogado, juez y sacerdote, siendo el primer obispo de Michoacán, enviado con la misión de poner orden tras los abusos del nefasto Nuño de Guzmán que había roto los acuerdos suscritos en nombre de la Corona, desmantelado la organización purépecha y esclavizado a miles, de 1529 a 1530, antes de que fuera condenado y se lo llevaran a España, donde permaneció preso hasta su muerte. Sin embargo, el daño estaba hecho y prevalecía el caos.

 

Para atacar los problemas, el religioso -de la orden franciscana-, no optó por apoyarse en la fuerza, sino en convencer por medio de la aplicación de leyes justas y con la búsqueda del bienestar de la población.

 

Las ideas del sacerdote provenían del libro «Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía” escrito por Tomás Moro: el canciller de Inglaterra degollado por negarse a desconocer la autoridad del catolicismo y  quien, sin saberlo, habría de influir  en lo que ahora es un importante estado mexicano y donde Vasco de Quiroga buscó poner en práctica los postulados que conducirían a una sociedad cristiana ideal bajo la premisa de «que todos vivan en concierto, ayudándose unos a otros, como en la primitiva Iglesia».

 

Tata Vasco promovió la incorporación de nuevas técnicas y la especialización artesanal por pueblos, evitando la competencia y generando un comercio regional. Además, creó un modelo de desarrollo comunitario que mezclaba organización europea con valores purépechas.

 

Podemos decir que el proyecto del religioso fue un ejemplo temprano de una clase de socialismo utópico en el que se buscó la equidad tanto en términos económicos como culturales: él mismo aprendió el idioma nativo y defendió la cultura purépecha.

 

Por otra parte, instituyó “hospitales pueblo” que conformaron el primer sistema de seguridad social en América.

 

Al igual que otros en la historia, el Estado ideal que se quería construir                                                                                                                                                                             acabó fracasando, pues la utopía, utopía es y la naturaleza humana más la realidad económica acaban por derribar los sueños, aunque tengan la mejor intención. Sin embargo, muchas cosas prevalecieron en beneficio del pueblo indígena y de los mexicanos en general.

 

La artesanía floreció e incluso dio lugar a nuevos productos. En el siglo XVI, el benefactor asignó a una comunidad el oficio de la madera, por sus bosques de pino y encino; empezaron con muebles y juguetes, pero dos siglos después llegaron los lauderos españoles y los purépechas mezclaron su técnica de tallado con el diseño europeo; para 1900 las guitarras de Paracho ya eran famosas en todo el mundo.

 

El obispo defendió a los nativos legalmente y fundó el Colegio de San Nicolás para formar sacerdotes indígenas y españoles; hoy es la Universidad Michoacana, una de las más antiguas de América.

 

Y muchas otras cosas -que no cabrían en este artículo- son parte del legado del Tata, quien murió a la edad de noventa años en Uruapan, mientras realizaba una visita pastoral.

Realmente en nuestro mundo todo está unido por un hilo invisible y todas las cosas se relacionan a pesar del tiempo y la distancia.

 

Hoy los purépechas, que son un ejemplo de valor, inteligencia y espíritu de lucha, siguen adelante. Me parece maravilloso que en sus éxitos hayan tenido que ver, tanto un monje franciscano, un mártir católico que nunca conoció América y un libro que planteaba una realidad que parecía del todo imposible.

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