¡PÁSELE A LO BARRIDO!

Iván Juárez Popoca
Al ver ancianos barriendo la calle solía pensar que se trataba de una actividad propia de personas jubiladas que no tenían otra cosa que hacer. Sin embargo, con el paso de los años y cuando, como parte de mi trabajo, tuve que hacerlo, mi opinión cambió. Ahora considero que se trata de una actividad que tiene algo de sacralidad, siento que, con el acto de barrer, la calle o cualquier superficie, se está limpiando el mundo y la mente, liberando una energía positiva. Además de que puede ser una forma de meditación.
Barrer es de las acciones más viejas de la humanidad y muchas culturas le dieron un significado simbólico profundo: orden, protección, transición a la pureza.
Así, por ejemplo, en Japón los monjes budistas barren hojas cada mañana para limpiar y entrenar la mente.
En el hinduismo las mujeres barren antes del amanecer el polvo que se asocia con traumas e ignorancia.
En la Edad Media se cruzaban escobas en las puertas para que las brujas no entraran y en las bodas de Escocia los novios saltaban la escoba para sellar el matrimonio y barrer simbolizaba desechar una vida vieja y empezar una nueva con una pareja.
En España tienen un dicho que dice “Nueva escoba barre bien” refiriéndose a que el matrimonio o la participación en muchas actividades funcionan más fácilmente al principio…luego es otra cosa.
Pueblos nativos de Norteamérica como los lakota y los cherokee barren un círculo ceremonial antes de empezar un ritual. Y así podríamos nombrar multitud de pueblos donde la unción está ligada con el acto de quitar objetos indeseables.
El barrer como acto sublime también es una tradición en México, legado de los pueblos prehispánicos. Así, tenemos que entre los mexicas -apunta Alejandro Rosas en su libro “Érase una Vez Tenochtitlán”- “barrer no era un asunto de clases sociales, todos lo hacían: los nobles, los guerreros, el pueblo bueno…al comenzar la peregrinación, el caudillo Huitzitl llevó como ofrenda al dios Tetzauhteotl las preciadas ramas de oyamel con las que hacían buenas escobas.”
Desafortunadamente el gusto por la limpieza de esos nuestros antepasados no ha llegado a todos y por ello vemos tantas calles y edificios cubiertos de basura.
En la generación actual, la responsabilidad de barrer recae en otros y se fortalece con los malos hábitos. Queda entonces lejos poder decir la conocida frase: ¡pásele a lo barrido!
Y qué lástima que esto sea así, ya que, experimentando la tarea de barrer, podríamos descubrir los grandes beneficios mentales y para el espíritu que conlleva algo tan humilde como utilizar una escoba.



