LO INTRANSMISIBLE DE LA EXPERIENCIA

Crónicas del espíritu
LO INTRANSMISIBLE DE LA EXPERIENCIA
Iván Juárez Popoca
Iba yo en el transporte público cuando una joven pareja se subió, hablando cual si no hubiera nadie más.
Ella, celosa, le recriminaba su contacto con alguien de la escuela y él se defendía como gato boca arriba.
«¡Ah como pierde uno el tiempo sufriendo con los estúpidos celos!» pensé.
Luego el muchacho le habló de sus planes para irse a vivir un tiempo a una ciudad cercana, pero le aseguró que seguiría viéndola con la mayor frecuencia posible y que de ninguna manera cambiarían sus sentimientos, a pesar de las mujeres con las que pudiera toparse: yo sonrío con cierto cinismo y pienso en situaciones parecidas que hube de vivir en el pasado.
El galán le baja el sol y las estrellas, asegurándole que su gran objetivo es que sean felices juntos.
«Este chavo es un vivales…y habilidoso» -comenta mi mente cochambrosa- al tiempo que ella lo abraza con ternura.
Sin embargo, ella pone en duda la capacidad económica de su novio y este le menciona varios trabajos que alguna vez ha realizado y le promete que todo cambiará cuando se mude y consiga un empleo para independizarse de sus padres.
Me dan ganas de opinar, pero logro controlar al metiche que vive en mi. A cierta edad se ven las cosas desde la experiencia y se tiene la idea de que uno pudiera aconsejar, pero la mayor parte de las personas rechazan cualquier asesoría: tienen que tropezar con las piedras de siempre y buscar sus propios senderos.
La vivencia es algo que se interioriza de manera única y personal. Por eso generalmente los consejos caen en saco roto.
No cabe duda de que la experiencia es una gran maestra, pero cobra caro.
Llego a mi destino. Todavía pasa por mi mente hacer algún comentario, pero -dulcemente razonable- callo y bajo de la combi.
Camino, recordando algunas de mis propias estupideces.



