El universo está lleno de vida

Desde la Azotea de Orión
El universo está lleno de vida
Braulio Guerra Urbiola
¿Ya vieron la película El Día de la Revelación?
En este texto les comparto esta foto con comentarios que de acuerdo a muchos años de estudiar y tener la pasión por el universo, me atrevo a dar un punto de vista muy personal del tema.
La película traza asuntos de geopolítica, religión, guerra, humanidad, empatía… Spielberg dijo al New York Times que no quiso hacer una película de Aliens, sino sobre cómo regresar a que la humanidad esté unida nuevamente. Pero quiero ir a la ciencia en este texto que preparé para compartirselos. Explicación larga, pero si el tema te gusta, quizá vale la pena leerlo.
Esta Astrofotografía la realicé a principios de año de NGC 891 (también le dicen “pequeña Vía Láctea). Una galaxia espiral observada prácticamente de canto, ubicada a aproximadamente ¡30 millones de años luz de la Tierra! en la constelación de Andrómeda.
Lo que vemos en esta imagen salió de esa galaxia cuando en nuestro planeta aún no existían los seres humanos modernos. La luz que hoy llega a mi telescopio emprendió su viaje hace unos 30 millones de años.
Para dimensionar la distancia, un año luz equivale a casi 9.46 billones de kilómetros. NGC 891 se encuentra a unos 284 billones de billones de kilómetros de nosotros. ¿Y cuánto tardaríamos en llegar?
La nave más rápida construida por la humanidad ha sido la sonda Parker Solar Probe, que alcanza alrededor de 690,000 kilómetros por hora, aproximadamente el 0.064 % de la velocidad de la luz. A esa velocidad, un viaje hasta NGC 891 tomaría cerca de 47 mil millones de años, más de tres veces la edad del universo, que se estima en 13,800 millones de años.
Paradójicamente, para los astrónomos, NGC 891 es considerada una galaxia relativamente cercana.
Quizá por eso me llamó la atención la reciente película “El Día de la Revelación” de Steven Spielberg (sin spoilers).
La película plantea preguntas fascinantes sobre la posibilidad de que exista inteligencia más allá de la Tierra y sobre cuánto conocemos realmente del universo.
Tuve la oportunidad de estudiar Astrobiología durante mi formación en Astronomía Observacional en la Universidad Internacional de Valencia con mi hijo Braulio; una disciplina que aborda precisamente una de las preguntas más antiguas de la humanidad: ¿Estamos solos?
Hoy conocemos más de 6,000 exoplanetas confirmados fuera de nuestro Sistema Solar.
Sabemos además que la mayoría de las estrellas poseen sistemas planetarios. Tan solo nuestra galaxia, la Vía Láctea, contiene entre 200 y 400 mil millones de estrellas, y el universo observable alberga aproximadamente cientos de miles de millones de galaxias. Los números son tan grandes que prácticamente escapan a nuestra intuición.
Muchos de esos mundos poseen atmósferas. En algunos se han detectado moléculas relacionadas con procesos químicos esenciales para la vida, incluyendo vapor de agua, carbono y otros elementos fundamentales.
La famosa Ecuación de Drake, propuesta en 1961 por el astrónomo Frank Drake, intenta estimar cuántas civilizaciones tecnológicas podrían existir en nuestra galaxia. No proporciona una respuesta definitiva, pero nos recuerda que, estadísticamente, la posibilidad de que la vida haya surgido en otros lugares es considerable. Sin embargo, para que exista vida compleja no basta con tener un planeta.
Importan factores como la distancia adecuada respecto de su estrella, la presencia de agua líquida, una atmósfera estable, actividad geológica, un campo magnético protector, una rotación adecuada y muchas otras variables.
Incluso la gravedad del planeta podría determinar cómo evolucionan los organismos. La forma de la vida en otros mundos probablemente sería muy distinta a la nuestra. La forma de la vida puede depender de la densidad, el tamaño, temperatura… por ejemplo la densidad de Venus es tan grande que no podríamos pararnos y destruiría nuestros huesos y cualquier ser ahí estaría condenado a arrastrarse. Pero la química que nos formó está presente en todo el cosmos.
El hierro de nuestra sangre fue forjado en antiguas explosiones estelares. El carbono de nuestros cuerpos nació en estrellas que murieron mucho antes de que existiera la Tierra. El universo es sorprendentemente homogéneo en su composición química. Donde observamos, encontramos los mismos elementos fundamentales. Por eso estoy convencido de que la vida existe en otros lugares.
Lo que considero mucho más difícil es demostrar que nos hayan visitado. Las distancias son enormes.
Nuestra estrella más cercana, Próxima Centauri, se encuentra a 4.24 años luz. Con las tecnologías actuales tardaríamos decenas de miles de años en llegar.
La física moderna contempla soluciones teóricas fascinantes, como los agujeros de gusano de Einstein y Rosen o la métrica de curvatura propuesta por el físico mexicano Miguel Alcubierre, que permitirían “doblar” el espacio tiempo en lugar de viajar a través de él. La idea es sencilla: nada puede moverse más rápido que la luz dentro del espacio. Pero, en teoría, el propio espacio podría expandirse, comprimirse o curvarse.
Sería como doblar una hoja de papel y unir dos puntos lejanos con un pequeño agujero.
Hasta ahora, estas ideas permanecen en el terreno teórico. No han sido observadas ni demostradas experimentalmente.
Por eso, cuando observo galaxias como NGC 891, me hago una pregunta inevitable ¿Podría haber vida allí?
Personalmente creo que sí.
Creo que el universo está lleno de vida, de química, de posibilidades y quizá de inteligencia.
Lo que también creo es que estamos separados por distancias tan inmensas que, al menos por ahora, seguimos siendo islas cósmicas.
Yo creo que no estamos solos.Yo creo que estamos lejos. Muy, muy lejos.
Datos técnicos
Objeto: NGC 891 («Little Milky Way»)
Integración total: 10 horas bottle 5
Telescopio: Takahashi FSQ-106ED
Montura: ZWO AM5
Cámara: ZWO ASI2600MC Pro
Enfocador: ZWO EAF
Control y adquisición: ASIAIR
Procesado: PixInsight y Adobe Photoshop
Patecito, Hidalgo, México
Braulio Guerra



