Crónicas del espírituEl opinadero

SHOPENHAUER Y LA FELICIDAD

Crónicas del Espíritu

SHOPENHAUER Y LA FELICIDAD

  Iván Juárez Popoca

 Una pequeña planta se abre paso entre la tierra, el pájaro abandona el nido, una cucaracha pone hasta treinta mil huevos en su vida, los fuertes atacan y los débiles luchan por existir, los hombres se enamoran, las mujeres paren, el empresario inicia un nuevo negocio, el obrero suda por su sustento, el político se deja llevar por sus ansias de poder, el millonario quiere más, los países declaran guerras de conquista: todos hacen por existir y crecer a toda costa, movidos por una fuerza ciega a la que Arthur Schopenhauer llamó “la Voluntad”. Ésta promueve el progreso, pero también es la causa de la infelicidad.

La ambición, la envidia y la competencia son impulsadas por la Voluntad que nunca estará satisfecha: en cuanto un ser humano alcanza una meta siente que hace falta más y es forzado hacia delante para repetir una y otra vez el círculo vicioso.

Opuesto a lo anterior la felicidad -según el filósofo alemán- es un estado de paz interna y plenitud que no depende de nuestros logros sino de nuestra actitud ante las circunstancias. Sin embargo, la sociedad no promueve la paz sino la guerra y el avanzar sin ningún miramiento.

De hecho, la falta de cooperación con la Voluntad es algo muy mal visto: tengo un amigo pensionado que, a pesar de tener los recursos físicos e intelectuales para seguir siendo productivo económicamente y superar su status,  ha decidido relajarse y disfrutar de las cosas que le agradan. Por esto muchos lo califican de “mediocre”. Y tienen razón, pero no en el sentido de falta de excelencia sino en referencia al justo medio aristotélico que recomienda la moderación. Este es  el primer punto que Schopenhauer recomienda para ser feliz: una vida austera que ponga freno al juego de la Voluntad y nos permita salir de la rueda hamsteriana en la que estamos atrapados.

Asimismo, hemos de hacer a un lado la vanidad y practicar la compasión; con nosotros mismos y con los demás. La aceptación y la solidaridad  con el prójimo nos permite ejercer un poder que produce una gran satisfacción. Y nadie es tan miserable que no pueda ayudar a alguien.

Por otra parte, el filósofo se dio cuenta de que una obra de arte  puede absorber nuestra mente, liberándonos -aunque sea por un tiempo corto- de la vorágine de ideas y deseos compulsivos que nos esclavizan. Así que el arte (especialmente la música  y la pintura) es otra herramienta para cultivar un estado de contentamiento.

Considero que los tres métodos mencionados contienen una gran verdad y fueron un aporte invaluable de Schopenahuer, quien nació en Gdansk en 1788 y murió en Frankfurt en un modesto apartamento, pero visitado por jóvenes y doctos que anhelaban abrevar de su sabiduría. Misma que lo llevó a ser considerado uno de los mayores exponentes de la filosofía occidental.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba