LA GRAN TRANSFORMACIÓN DEL CRIMEN ORGANIZADO

Crónicas del Espíritu
LA GRAN TRANSFORMACIÓN DEL CRIMEN ORGANIZADO
Iván Juárez Popoca
Tuve la oportunidad de vivir en Matamoros, Tamaulipas. En una ocasión me tocó ver a un anciano corpulento, que era tratado con una diligencia casi servil. Se trataba de don Juan N. Guerra, quien comía plácidamente en su restaurante y quien es considerado uno de los pioneros del tráfico ilegal en México. Además, ha sido uno de los pocos que han muerto de forma natural y sin haber sido encarcelado. Era el prototipo del capo «a la antigua»: sombrero, botas, muy católico, muy respetado en Matamoros. La gente lo veía como empresario, no como criminal. Tenía su restaurante, sus tequileras, sus gasolineras y otros negocios que eran ignorados.
En aquel tiempo, Matamoros era una ciudad pacífica: el contrabando se daba pero nadie conocía a los capos, y conseguir droga era tan fácil como comprar cigarros en el Oxxo.
Desde luego que don Juan no fue el primero en ver la oportunidad de emprender en ese ramo: el tráfico de drogas a los EU se remonta a los gobiernos emanados de la revolución, y desde entonces, el dinero ilícito corrompió a funcionarios del más alto nivel, aunque a la mafia no le interesaba ocupar puestos, de alguna manera utilizaban a los políticos y estos utilizaban a los narcos.
Cuando yo era niño ya era vox populi que hasta la presidencia de la república era informada del movimiento del crimen organizado y recibía beneficios, pero se entendía que el poder político predominaba. A la mayoría de los ciudadanos les parecía algo normal y en ese tiempo la mariguana era la droga principal antes de que pasara a ser peccata minuta y la cocaína se convirtiera en el verdadero negocio.
A la muerte de Juan N. Guerra, le sucedió García Abrego, su sobrino, y ya nada fue igual: desencadenó la violencia y la lucha por el poder. Esto y muchas otras situaciones son tratadas en «La Cuarta Transformación del Crimen Organizado» de Ricardo Ravelo y José Luis Montenegro (2025, Editorial Inefable). Se trata de una investigación periodística que usa el juego de palabras de la «4T» para explicar la historia reciente del narco en México. La tesis central del libro es que el crimen organizado ha pasado por cuatro etapas: La Familia única, jefes que al estilo del señor de Tamaulipas controlaban toda la venta de estupefacientes; La División, con Miguel Ángel Félix Gallardo como padrino que reparte el país dándole al Chapo Sinaloa, al Güero Palma otra zona, a los Arellano Félix Tijuana, etc. Ahí empieza la guerra por el territorio; La expansión, que se da en el año 2000, y la cuarta, que es la actual y donde los criminales no solo negocian con el poder político sino que se vuelven parte de este.
Según el libro, esto se consolida por la estrategia de «abrazos, no balazos» vista como una coartada para la impunidad, la infiltración en elecciones desde 2021, el control social total en zonas de Sinaloa, Guerrero, Michoacán y Chiapas, en negocios como huachicol fiscal y la extorsión.
El crimen organizado no fue contenido durante el gobierno de AMLO, sino que se reconfiguró, se normalizó y en varios territorios se volvió gobierno directamente.
En estos días, el auge y peligrosidad de la droga conocida como Fentanilo, la pasividad de la fiscalía mexicana ante los que ahora denominan narcos políticos, nos tienen ante un verdadero peligro frente al EU, donde tienen un plan de diez años para parar el tráfico a su territorio y no se van a detener. Sumemos a esto la violencia priva en la mayor parte de los estados de nuestro país.
El libro en cuestión, escrito por verdaderos conocedores del narco mexicano, resulta muy valioso para, por lo menos, comprender el infierno que, en muchas partes del territorio mexicano, se está viviendo.
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