Intercampañas

La actividad política ha entrado en lo que se llama “intercampañas”. Espacio este, se entiende, entre lo que fueron las precampañas y lo que vendrá que serán las campañas a partir de marzo. Sin embargo, se ve como algo absurdo este tiempo de suspensión de actividades que, otra vez, obliga a la simulación, a la denominación de reuniones de los candidatos como encuentros con sociedad civil, diálogos, conferencias, homenajes, invitaciones, donde, absurdamente, se habla de la situación del país, pero no se pueden hacer planteamientos de campaña. Proselitismo pues.
Si bien las precampañas debieron sucederse al interior de los partidos, en mensajes hacia los militantes de cada uno, en coalición, alianza o lo que se hubiese convenido, es un hecho que se desbordaron los espacios y trascendieron más allá de la militancia.
La anticipación de los tiempos, el disfraz de nuevo en la denominación de ese recorrido, dizque para elegir a quien iba a ser el coordinador o coordinadora de la 4T, como si no se tuviera ya presidente en su partido y en los estados que serían los encargados de promover su filosofía partidista; y en la casa contraria, la búsqueda de quién iba a coordinar lo del Frente Amplio por México, estructurar reglas al vapor para no caer en tiempos anticipados de campaña. Al final, los resultados que ya estaban cantados.
Todo lo anterior suma meses, donde el oficialismo ha invertido muchos millones de pesos para favorecer una figura -Claudia Sheibaum-, evidenciado estrategias que desgastan, golpean, dividen y, en ocasiones humillan a sus participantes, al interior de su propio partido.
Mientras, en la contraparte -con Xóchitl Gálvez-, fueron declinando los aspirantes, menos burdo el tinglado. Se suman a un equipo de trabajo. Los Xochitllovers van haciendo su lucha, que no parece crecer al ritmo que quieren, que por momentos se desdibuja.
Surge un tercer aspirante a la silla presidencial -Jorge Álvarez Maynez-, por Movimiento Ciudadano, cuya presencia no causa mas que un ligero levantamiento de ceja.
Mientras, la violencia escala su tono a través de sus muchas variantes. El presidente Andrés Manuel López Obrador se justifica: ¿cuándo habían visto a un gobierno que dedicara diariamente de 6 a 7 de la mañana una reunión a la seguridad? ¿Será de verdad, este, su mejor argumento? Porque los resultados no se ven y, por el contrario, se agudizan imágenes donde pueblos hartos de la exigencia del crimen organizado, lo enfrentan; fotos de niños armados para defender sus comunidades. Se está llegando al peligroso punto del ejercer justicia por propia mano.
Las medicinas escasean, se reducen presupuestos y se encauzan a las obras insignia del gobierno, se manifiesta la intención de desaparecer instituciones que abonaban a la transparencia, se crea la confrontación con el Poder Judicial, y la lista es interminable.
Las Intercampañas vinieron a ser una aparente pausa para la organización de las campañas donde, como es costumbre, lo más seguro es que el lodo salpicará con más intensidad, todos dirán que tienen las mejores propuestas y el pueblo verá quizá hasta con divertimiento ese hecho. Lo que si no es un juego, es la propuesta de la continuidad, que propone construir un estado donde la democracia se vaya apagando paulatinamente y con ella, todo lo que esta significa.

