El opinadero

EL QUE SE HA VISTO LAS POMPIS

Iván Juárez Popoca

 

 

 

“Conócete a ti mismo” decía la inscripción en el Oráculo de Delfos en la antigua Grecia y sigue siendo la clave para el desarrollo del ser humano. Sin embargo, la recomendación es rechazada por la mayoría debido a que se requiere una observación aguda y una gran honestidad.

 

La mayoría andamos por el mundo creyendo ser lo que no somos porque inconscientemente preferimos una máscara y le tenemos pavor a enfrentarnos con la verdad. Decía una canción que cantaba José José: “quisiera cinco minutos para verme en el espejo” Y luego se da cuenta de que, si los tiene, lo que le falta es valor. Y así va por la vida con ideas e ideologías que no corresponden a la verdad.

 

Vemos bonitas que se creen feas, feas que se creen princesas, políticos que se llenan la boca con la palabra pueblo y que en realidad solo buscan poder y riqueza; pobres que gastan como ricos, soberbios que se creen buenos cristianos, caballeros cobardes, y una infinidad de casos por el estilo.

 

Aparte de los obstáculos que la mente instrumenta para evitar el autoconocimiento, existen una serie de dificultades desde el punto de vista de la percepción, cosas tan simples cómo la dificultad de entrar en contacto con nosotros mismos hasta desde el punto de vista físico. Por ejemplo, ¿alguna vez te has mirado las pompis? Estoy seguro de que la mayoría no, al menos no detenidamente y, siendo tan importante el conocerse en todos los aspectos, desde allí se ve la dificultad: sí ni siquiera tenemos pleno conocimiento de nuestro cuerpo, mucho menos habremos de conocer los truculentos abismos del inconsciente y de nuestro comportamiento.

 

Sé que hay bastantes vanidosas y vanidosos que sí se las ven -aunque sea de ladito- pero no muchos habrán realizado las técnicas necesarias para ver bien el mundo nalgatorio. De hacerlo, quizá algunas(os), empezarán a mandar selfies, y no me extrañaría que también utilizaran filtros y ese tipo de trucos a tal grado que no solamente no los reconocería uno por la cara, sino que -en caso de haberlas visto- también las desconocería uno. Y es que, en contra de la belleza natural, se está abusando del retoque y lo mismo pasaría con las imperfecciones de las nachas, que también serían tergiversadas, sin comprender que la imperfección puede ser parte de la belleza.

 

Metafóricamente he de decir que, el ser humano que se ha mirado las pompis se ha dado cuenta de su pequeñez, ha visto sus cualidades y sus sombras, ha reconocido la maldad que hay en él, independientemente de sus buenas obras. El hombre que se ha visto las pompis, se ha percatado de que no todo es perfección y pureza en sí mismo, pero ha tenido la posibilidad de amarse tal como es y, consecuentemente, poder aceptar y amar a los demás. El ser humano que se conoce y logra aceptarse, puede vivir más relajado y puede ser coherente. La coherencia es de lo más raro en este mundo.

 

Así pues, lo importante es que luchemos día a día por conocernos y aceptarnos como somos, sin necesidad de ser demasiado pomposos…nomás lo que es.

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