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Hablar en público

Gonzalo Enrique Bernal Rivas

Hablar en público es una habilidad innata en algunas personas y una habilidad adquirida en otras. Hay quienes han elegido un trabajo en el que no es necesario hablar frente a un auditorio, mientras que otros han hecho de hablar en público un negocio. Sea cual sea el caso, es posible que sea necesario que alguna vez en la vida hagamos una presentación oral frente a un grupo de personas que se han reunido con motivos sociales, laborales, familiares, entre otros.

Considerando lo anterior, en esta ocasión compartimos tres consejos para que hablar en público sea una mejor experiencia. Nuestro primer consejo es controlar el movimiento del cuerpo en el espacio de la presentación. Esto incluye varios aspectos. Por una parte, es aconsejable no recargarse en los objetos que se encuentran detrás de sí mismo y que con frecuencia es un muro. Recargarse envía al público el mensaje de “estoy asustado” y es posible que lo estemos, pero no hay razón para demostrarlo, especialmente si esto puede lograrse simplemente al separarse del muro del fondo. Otro aspecto importante relacionado con el control del movimiento corporal es encontrar un equilibrio entre permanecer estático y moverse en exceso. Escuchar a alguien que no se mueve en una presentación puede ser aburrido, pero escuchar a alguien que se balancea constantemente puede distraer a los espectadores. Lo mejor es moverse sin apresurarse y tratando de abarcar con la mirada a todo el público. Un tercer aspecto del control del movimiento es mostrar las manos, evitando esconderlas detrás de sí o dentro de los bolsillos. Esto da al público la sensación de que el orador no tiene nada que esconder. Mover las manos de manera natural es recomendable, pero hacerlo en exceso también distrae a la audiencia.

El segundo consejo es establecer un vínculo con los espectadores, quienes no deben percibirnos como alguien ajeno, sino como alguien cercano y que coincide con su forma de ser, pensar o sentir. Para lograr esto es fundamental usar un lenguaje asequible, es decir, que la audiencia conozca todas las palabras que usemos. Otro aspecto relevante es abarcar al público con la mirada. Con frecuencia, los oradores encuentran que es difícil lograrlo, pero se puede conseguir si elegimos a algunas de las personas que nos están escuchando atentamente y que están ubicados en sitios separados de la sala. Estas personas deben tener una mirada apacible, pero si es difícil verlos a los ojos es posible ver un punto en su frente, lo cual les dará la sensación de que los estamos viendo directamente. Un tercer aspecto que deseamos destacar sobre el vínculo con los espectadores es la ropa. Debemos elegir lo que vestiremos de acuerdo con la ocasión, lo cual influye en la manera en la que somos percibidos. Aunque parezca absurdo, el público escucha con más confianza la presentación de un orador que viste de acuerdo con el evento. En otras palabras, el hábito no hace al monje, pero sí le ayuda.

Finalmente, aunque se tenga un excelente control corporal y se haya logrado un vínculo fuerte con el público, si no se tiene dominio sobre la información que se presentará el esfuerzo realizado no habrá valido la pena. Es fundamental elegir un tema que se conozca y preferentemente, por el que se sienta un interés auténtico. Esto se notará al momento de la presentación. También es importante que el orador conozca todas las palabras que use, tanto las dichas o como las escritas en el material de apoyo que se elija. Finalmente, conviene evitar la repetición de palabras, lo cual puede lograrse usando sinónimos.

Esperamos que estos tres consejos sean útiles la próxima vez que sea necesario hablar en público y no perdamos nunca de vista, como dijo E.C. MacKenzie, que “ningún discurso es absolutamente malo si es lo bastante corto”.

 

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