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Al cobijo de la Peña de Bernal

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Al cobijo de la Peña de Bernal

Andrés González Arias

Miércoles 5 de noviembre 2025

En Bernal, el hermoso Pueblo Mágico queretano, es tarde; serían las seis y el tiempo se torna friolento.

Y ahí, bajo el cobijo de la imponente Peña de Bernal, coincido con mi amigo Edgardo Cabrera, teniendo como únicas compañeras unas jarritas donde nos habíamos servido un aromático café.

Comenzamos platicando de todo y de nada. Sin embargo, pronto tocamos el tema del momento: el asesinato de Carlos Manzo, el valiente mexicano que se enfrentó en solitario al sistema de gobierno, al estatal, al federal.

«Estamos amigo, comenzando a vivir la última llamada; recuerda que, en el México del Porfiriato, el pueblo también se cansó. Y el momento es muy parecido al que ahora estamos viviendo.

«Los campesinos –hoy en rebelión por los injustos precios que se les pagan por sus semillas, el maíz, el frijol– también andan muy molestos, hay descontento en la clase trabajadora, por sus bajos salarios y por el aumento en el precio de la canasta básica…y que te digo de la clase indígena, un sector tradicionalmente olvidado…mal comidos y viviendo como hace cientos de años.

Edgardo como que entrecierra los ojos y echa a andar el reloj de los recuerdos.

«…y no solo son los campesinos, sino también los transportistas, a los que un día y otro también los asaltan en la autopista. A los burócratas de los tres niveles de gobierno no les reconocen sus derechos; inconformes están los líderes de las Cámaras…la de comercio, la de los empresarios. Todos ellos y sus familias, sumidos en el miedo de que sean secuestrados. Las calles son un peligro para los jóvenes…porque, si bien les va, los asaltan, pero si mal la pasan, los matan.

«El país, todo, no anda bien y, como en el 1910, se respiran aires de dolor, impotencia, pero también de rabia, de entendible coraje.

«Y ya vez, amigo, lo del alcalde de Uruapan. Y él, en forma valiente, dio el primer paso exigiendo justicia, paz para todos. Sin embargo, Carlos Manzo no está muerto, al asesinarlo lo convirtieron en héroe y su voz creció, lo convirtieron en un adalid que une a una nación encabronada, molesta, que, por ese asesinato, no pide, sino que reclama y exige la paz y quiere la tranquilidad, por las buenas o por las malas. Y así los campesinos y los transportistas y ni que decir de los habitantes de la ciudad de Morelia o de Apatzingán.

«Para colmo de males –me dice mi amigo Edgardo– una gran marcha se está organizando en la capital de la República, que puede ser el preludio de algo más que consignas, que discursos de parte de los oficialistas.

«Con este anuncio de la marcha del sábado 15 de noviembre, los del gran poder están temblando, así, literal; porque han despertado al tigre. Los «ya basta» no son suficientes, como tampoco son creíbles las frases típicas como aquella que se inventó el oficialismo de «primero los pobres».

«Y a fuerza de mentiras, el escaso prestigio que con tanto esfuerzo se habían ganado funcionarios de primer nivel y me refiero a los voceros de la presidenta, lo han terminado de perder por el error del 2 de noviembre. Y lo peor es que la gente ya no les cree.

«Y de pilón, al gobierno de la presidenta se les aparece la figura de Trump que una semana sí y la otra también, les espanta con los temidos aranceles.

«Así, ya no se puede vivir con aquel México de antes, alegre, próspero, en el que los ciudadanos vivíamos tranquilos y que salíamos sin preocupación a las calles, a las carreteras; en ese país en que se podía escribir sin temor, sin miedo, a que los mataran; también los presidentes municipales».

Yo no le perdía detalle a todo lo que decía mi amigo Edgardo.

«No le sigamos jalando los bigotes al tigre ni tratemos de despertar al México bronco. Hoy la sociedad vive con miedo. Esta podría ser la última llamada para el gobierno federal, la que dejó cifrada en nuestros corazones el alcalde Carlos Manzo».

La tarde enfrió repentinamente, pero el corazón de dos amigos ardía de pasión por un México mejor.

Esperemos, todos, que así sea.

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Las ideas expresadas en las columnas, así como en otros artículos de opinión, no necesariamente corresponden a la línea editorial de Radar del Centro, y son solo responsabilidad del autor.

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