Salamanca

A LA OPINIÓN PÚBLICA CASO IMSS

A poco más de un mes del fallecimiento de mi familiar y después de mucho reflexionar,  he decidido escribir y hacer de conocimiento público toda la travesía que tuvimos que experimentar en las instalaciones del IMSS Salamanca en el estado de Guanajuato. He de mencionar, que no fue una decisión fácil porque no es mi intención que esto parezca una queja o el intento de querer señalar culpables por la muerte de mi familiar, por lo cual, quiero aclarar que mi única y verdadera intención en es que esto pueda llegar a las personas del IMSS capaces de tomar decisiones que permitan mejorar y actualizar los procesos para la atención médica oportuna en este instituto, a fin de garantizar no sólo los derechos de los pacientes, sino también, sus derechos humanos.

Yo creo que todos sabemos de alguna historia de alguien que padeció una mala atención en cualquier clínica del IMSS. Yo Había escuchado o leído en muchas ocasiones señalamientos como: “en el IMSS matan”, “necesitas tener contactos en el IMSS para que te atiendan rápido”, “me dieron cita hasta dentro de un año y eso que es una urgencia”, “salió mal la operación y tuvieron que volver a operar” o “a ver si alcanzó a llegar hasta la fecha de mi cita”. Personalmente, me bastó menos de una semana para darme cuenta que muchos de esos señalamientos son una realidad y que les sucede a la gran mayoría de los derechohabientes del IMSS.

Nuestra experiencia comenzó a mediados del mes de julio de este 2023, mi familiar llego una mañana a urgencias porque había vomitado color amarillo y tenía un fuerte dolor abdominal. Esa misma mañana la retuvieron en urgencias porque requería de una colecistectomía, es decir, una cirugía para la extracción de la vesícula. La cual dijeron, era la única solución a su problema de salud. En urgencias estuvo casi 3 días porque no había camas disponibles en “piso”, sin embargo, dijeron, ahí debía pasar a valorarla el médico internista y la cardióloga, lo cual no sucedió. Cuando por fin la pasaron a piso (el área de hospitalización, según entiendo) tampoco acudieron los médicos que deberían valorarla antes de proceder a la cirugía y después de una semana la dieron de alta con “cita abierta” por si volvía a sentir mal regresará “directamente” a recibir atención, algo que, obviamente iba a suceder.

Una semana logró mi familiar estar en casa con los cuidados indicados y entonces regresó a urgencias la madrugada del 1 de agosto con los mismos síntomas que la primera vez. En esta ocasión la pasaron más rápido a piso con las mismas indicaciones: debería valorarla el médico internista y la cardióloga para que indicaran los posibles riesgos que pudiera implicar la cirugía.

Al día siguiente de la hospitalización de mi familiar, me tocó presenciar que la subdirectora del IMSS Salamanca (del turno matutino), acompañada de la jefa de hospitalización, de quirófanos y otra más que no recuerdo su cargo, pasaron a cada una de las salas de hospitalización a presentarse con los pacientes y familiares que los acompañaban. Debo decir, que fue una acción que no sólo me pareció muy acertada, sino que también me inspiro confianza porque dijeron “estamos para lo que se les ofrezca y pueden acudir a nosotras para cualquier duda que tengan”. Ese sencillo acto me hizo por un momento, creer que las cosas dentro del IMSS podrían ser ya distintas a todos los señalamientos que había escuchado sobre el servicio y la atención en este instituto.

Conforme transcurrían los días, el médico internista finalmente valoró a mi familiar, sin embargo, la cardióloga estaba de vacaciones y regresaba hasta el 8 de agosto y, como habrá de imaginar, no había otro especialista en cardiología que pudiera atender las necesidades que se presentarán durante su ausencia, excepto una médico residente que, quizá, aunque tuviera el conocimiento necesario, no el poder de decisión y, por lo tanto, tuvimos que esperar hasta el regreso de la cardióloga a cargo.

Una tarde que llegue a acompañar a mi familiar, el médico cirujano que le asignaron me dijo que tanto el médico internista como la cardióloga ya habían autorizado la cirugía, considerando que había ciertos riesgos quirúrgicos, pero ninguno que consideraran como para evitar la cirugía. Sin embargo, ahora se había presentado otro problema, pues una de las “piedras” que tenía mi familiar en la vesícula se movió y obstruyó los conductos biliares, razón por la cual mi familiar ya presentaba otros síntomas físicos que, sin ser médico, eran bastantes evidentes, tales como color amarillo en su piel y ojos, temperatura y falta de apetito. Algo que, ante mis constantes cuestionamientos y planteamientos sobre la salud de mi familiar, el médico cirujano ya me había explicado anteriormente que eran señales que indicaban-a mi entender-que la condición médica estaría empeorando.

Y entonces, ahora en lugar de proceder a la cirugía para la extracción de la vesícula, primero debían realizar una endoscopia y como es una cirugía que en la clínica del IMSS Salamanca no se puede realizar por no contar con el equipo necesario para ello, tenían que canalizarla a León, Irapuato o Celaya y según nos dijeron eso podría tardar hasta una semana porque dependería de la disponibilidad de las clínicas en esos municipios.

Conforme pasaban los días, era evidente que la salud de mi familiar iba agudizando y que el tiempo jugaría un factor determinante. Incluso, el médico cirujano nos sugirió que insistiéramos en dirección que se agilizará el traslado de mi familiar para la cirugía o en su caso que, si contábamos con los medios económicos para hacerla de manera particular, lo hiciéramos.

Mientras buscábamos otra clínica para hacer la endoscopia, gracias a la ayuda de una empleada del área de atención al derechohabiente, finalmente supimos que ya había una clínica que había aceptado a mi familiar para el día siguiente, que fue un sábado. La endoscopia fue rápida y se realizó sin problema alguno, pero tuvimos que esperar hasta el día lunes siguiente por la tarde a que el médico cirujano pudiera, finalmente, asignar el día para la cirugía de extracción de vesícula, lo cual ocurriría 2 días después.

Finalmente se llegó el día de la cirugía, para no entrar en mayores detalles, sólo puedo decir que durante esta mi familiar tuvo 3 paros cardiacos y la sacaron intubada del quirófano hacia la sala de hospitalización. Primero me indicaron que la mandarían inmediatamente a terapia intensiva a la clínica del IMSS en el municipio del León, ya que en la clínica de Salamanca tampoco cuentan con esa área, pero después dijeron que esperarían 24 horas para el traslado.

Sin embargo, durante la noche que mi familiar paso después de la cirugía fallida, una médico residente me pidió que firmara la no autorización del traslado de mi familiar por las condiciones en las que se encontraba y además, argumento sobre la falta de algunos estudios de cardiología que según ella, no le hicieron y eran necesarios para la cirugía de mi familiar, algo que nunca nos dijeron. Tras negarme a firmar, llegó la médico encargada, quien directamente me culpo de la situación, pese a que en esa conversación que sostuve con ella, le hice ver muchas de las omisiones por parte del IMSS Salamanca que, contribuyeron al deterioro de la salud de mi familiar, quien falleció tres días después en la clínica del IMSS León.

La noche del traslado al IMSS León, fue toda otra travesía, resumiré diciendo que pese a que se me había informado que el médico que debería de acompañar a mi familiar tendría que estar bien capacitado, el médico encargado del turno nocturno dijo que él preferiría irse en el traslado de otro paciente, además de que al médico que asigno para asistir el traslado de mi familiar,  “no sabe ni a lo que viene” dijeron los médicos que recibieron en León a mi familiar, con eso podrá imaginarse las pésimas condiciones a las que tuvimos que enfrentarnos una vez más.

Estos derechos de los pacientes no se cumplen a cabalidad.

“Necesitas tener contactos en el IMSS para que te atiendan rápido”.

Este tipo de señalamientos que había llegado a escuchar en al menos alguna ocasión, lo pude constatar en dos ocasiones. En un momento, durante los días que estuvimos en el IMSS Salamanca, solicite hablar con la subdirectora, luego de que en dos ocasiones que solicite hablar con el director no pude hacerlo y no porque éste se negara, sino porque su secretaria ni siquiera se tomó la molestia de preguntarle si tenía la disposición de escucharme. Así que tras estas indiferencias, busqué a la subdirectora y mientras esperaba que me atendiera, llego una persona que se esperó justo a mi lado, como a los 15 minutos salió la subdirectora con un papel en la mano, la saludo y abrazo y mientras conversaba con esa persona, me vi en la necesidad de interrumpirlos haciéndole saber que tenía más de una hora esperándola y no tuvo otra opción más que escucharme. Tras externarle todas mis preocupaciones por la salud de mi familiar que cada vez era más evidente su deterioro y de las deficiencias que durante varios días había notada en la atención, se comprometió a verme junto con mi familiar a las 4:15pm de ese día junto con todo el personal involucrado, pero nunca, nadie llego.

La segunda ocasión ocurrió la noche que por fin trasladarían a mi familiar a la clínica del IMSS en León, mientras preparaban su traslado llego un conocido que ese mismo día por la mañana su madre había ingresado a urgencias por un infarto. Creí que había tenido mucha suerte de que lo hubieran canalizado ese mismo día, también a la clínica del IMSS en León para los estudios requeridos, pero me dijo, la verdad es que mi hermano trabaja aquí y estoy seguro que si no fuera por él, estaríamos pasando por lo mismo que tú.

El tener conocidos que trabajen en el IMSS para que te atiendan rápido, no es exclusivo de esta institución. Para el traslado de mi familiar, habían solicitado apoyo al servicio de urgencias del Estado porque el IMSS Salamanca tampoco cuenta con la ambulancia equipada para traslados de cuidados críticos o intensivos. Su primera respuesta a la solicitud fue que no había disponibilidad, pero minutos más tarde cuando una conocida que es trabajadora de gobierno del estado preguntó si era posible hacer el traslado, dijeron que sí y que mandarían la ambulancia.

Esta situación demora más de lo esperado, pero finalmente se pudo realizar. Y lo más lamentable es que, fue una situación que evidentemente molestó mucho al personal del IMSS Salamanca.

Durante el cuidado de mi familiar me enseñaron a usar las bombas de infusión porque fallaban mucho.

“No corresponde a mi turno” y la falta de empatía.

Además de la gran deficiencia en los procesos de atención, de la deficiente comunicación entre médicos y falta de empatía de mucho del personal del IMSS Salamanca, otro factor que, desde mi particular punto de vista basado en mi experiencia, impide garantizar los derechos de los pacientes e incluso cumplir con la  misión y visión del IMSS es la falta de compromiso por parte del personal de cada turno.

En ese sentido, creo que el desempeño de enfermería es el más eficiente considerando que sólo siguen las indicaciones señaladas en el expediente médico, sin embargo, en este mismo documento no siempre se manifiesta lo que el médico le expresa al paciente. Por ejemplo, en el caso de mi familiar, en repetidas ocasiones el médico de un turno le indicaba que el suspendería tal medicamente, pero se le olvida ponerlo en el expediente y el personal del siguiente turno llegaba y daba otras indicaciones y así, el médico de un turno indicaba una cosa y el de otro turno otra.

Con el personal de subdirección pasaba algo similar. Aunque en la presentación de la subdirectora (que mencione anteriormente) se dijo dispuesta a aclarar cualquier duda, después ya no había tal disposición y entonces argumentaba que el caso de mi familiar correspondía al turno de la tarde. Y para el subdirector de la tarde, siempre su respuesta a cualquier cuestionamientos fue “no es una urgencia”, con ello podrá imaginarse su poca calidad humana y, desde mi punto de vista, también profesional.

Una falta de empatía que también pude presenciar fue el día de la cirugía de mi familiar. Ese día en dos ocasiones me requirieron en el área de quirófanos y las dos veces que estuve ahí, llego personal sindicalizado, por lo que pude apreciar formaban parte de una planilla interesada en resultar electa para representar al Sindicato de Trabajadores del Seguro Social. Mientras ellos pretendían pasar a quirófano-supongo que para persuadir al personal para votar por ellos-yo me preguntaba ¿Qué pasaría si así como se esfuerzan por mejorar sus condiciones laborales-de por sí ya bastante favorables comparadas con el resto de la clase trabajadora-se esforzaran por exigir mejores instalaciones rebasadas y recursos materiales y tecnológicos para mejorar la atención médica y la vida de los derechohabientes del IMSS? ¿A caso, la oportunidad que tienen de servir a los demás no es algo que les interese?

En el IMSS Salamanca están muy lejos de lograr estos objetivos.

Conclusiones.

Antes de externar las conclusiones a las que llegue luego de la muy lamentable experiencia que vivimos en el IMSS Salamanca derivada de la atención que mi familiar requirió durante casi un mes y que finalmente culminó con su fallecimiento, he de reconocer, lo que le dije a los médicos: “Reconozco que la condición médica de mi familiar implicaba por sí misma un riesgo por su historial clínico, pero las omisiones,  las incongruencias y las demoras en todos las valoraciones y estudios requeridas previos a la cirugía que necesitaba no exime al IMSS Salamanca y su personal de sus responsabilidades éticas y como funcionarios públicos”.

Y concluyo con lo siguiente: me queda claro que en el IMSS Salamanca no hay malos médicos (salvo algunas excepciones como incluso, mencionó el mismo personal de este instituto), lo que tienen son malos y deficientes procesos que, junto con la falta de instalaciones, equipo, tecnología y personal especializado, contribuyen al deterioro de la salud de su derechohabiencia. Sus procesos burocráticos parecen ser más importantes que la vida de sus pacientes.

Aunque se los nombres de todos los médicos que de alguna manera aquí hago mención, omito mencionarlos, porque como dije al principio, mi intención no es culpar a nadie por el fallecimiento de mi familiar, mi deseo es que esto pueda llegar a quienes tienen el poder de hacer cambios de fondo en los procesos de atención médica del IMSS, a fin de que sean oportunos, humanos y de calidad porque el presupuesto para ello nunca ha sido un impedimento, más bien ha sido un pretexto. Y deseo con el corazón que lo que mi familia y yo pasamos, no lo viva nadie más porque nadie lo merece.

Atenta y agradecidamente

Familiar de derechohabiente fallecido del IMSS.

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