¿QUE HACEMOS CON EL ABUELO?

Crónicas del Espíritu
¿QUE HACEMOS CON EL ABUELO?
Iván Juárez Popoca
Imagino a un hombre blanco llegando a una población indígena con la villana intención de apoderarse de la tierra y sus riquezas. Era un tipo cuya valentía tenía el tamaño de su ambición. Junto con un grupo de secuaces empezó a imponerse con actos de violencia y de crueldad. Sin embargo, pocos eran y haciendo gala de habilidad diplomática convenció a numerosa gente de otras comunidades para que se unieran a él. Para ello fue vital la ayuda de una mujer oriunda del territorio que lo apoyó, impulsada por su instinto de sobrevivencia, para vengarse de agravios del pasado y quizá -sólo quizá- por un sentimiento de amor hacia el recién llegado. Y de esa relación nació un vástago que sería mestizo: algo nuevo y diferente a sus progenitores, pero en el que habrán de fundirse sangre, ideas, costumbres, virtudes y pecados.
Con sus aliados le echaron montón al pueblo aquél, rebasando su número. Esto, aunado a la superioridad estratégica del fuereño, más una canija enfermedad que uno de los invasores cargaba en su cuerpo, les permitió avasallar y prácticamente destruir lo que allí existía. Ya con el poder cometen muchas tropelías y explotan a la mayoría de los sobrevivientes. Luego, junto con sus aliados indígenas se dedican a conquistar otros territorios, incluyendo algunos que estaban bien lejos de la tierra firme.
Pasó mucho tiempo y se fue construyendo algo muy diferente a lo que originalmente existía. El vencedor impuso poco a poco su idioma, trayendo con este una cultura más antigua y proveniente de otro mundo. Junto con la explotación llegan cosas buenas desde el punto de vista tecnológico, artístico, religioso y en todas las áreas de la cultura. Sin embargo, el legado indígena permanece por medio de un sincretismo que se da en todos los aspectos de la creación y de la vida cotidiana.
Por otra parte, algunos grupos indígenas nunca se dejan avasallar y conservan su forma de ser, conviven en medio de fricciones dentro del nuevo orden.
Sigue el proceso y la cultura mestiza se vuelve predominante. Los descendientes del encuentro entre dos mundos, no exento de violencia, van formando una nueva sociedad.
Imagino que aquél hombre, mezcla de aventura, codicia y visión, es el abuelo de todos los mestizos, de los que no podemos considerarnos blancos o indígenas, ni por el color de la piel, ni por la manera de pensar. Somos producto de dos grandes familias cuyos logros y traumas hemos heredado a través de los siglos.
¿Pero qué hacer ante esta realidad? Si rechazamos nuestra parte indigena nos rechazamos a nosotros mismos. Si odiamos nuestra parte blanca nos odiamos a nosotros mismos, Y esta falta de aceptación nos hace caminar como gente traumada, victimista, resentida y enfocada en las limitaciones del grupo: nos debilita ante los poderes extranjeros que encuentran presa fácil en un grupo dividido, acomplejado, corrupto y girando en la otredad.
¿Qué hacemos con el abuelo? No queda más que aceptar la realidad y tratar de comprender su actuar, tomando en cuenta no solamente la parte nefasta, sino los aciertos que, como cualquier ser humano, también tuvo. De hecho fue el primero en soñar con una comunidad diferente y poderosa. Nada ganamos con la negación, no podemos esconder su retrato (aunque en muchos aspectos resulta impresentable) y pretender que somos algo que no somos. Tampoco se trata de justificar: la Historia no es para justificar, es para comprender y perdonar.
Mejor que alimentar nuestras inseguridades, sería darnos cuenta de que podemos enorgullecernos de dos fuentes extraordinarias que dieron por resultado algo nuevo y maravilloso. Si hacemos esto, estaremos en contacto con nuestra verdadera identidad y avanzaremos hacia un estado de bienestar y de progreso.



