Crónicas del espírituEl opinadero

CORRUPTUS MÉXICO CORRUPTUM

Iván Juárez Popoca

Ya está en el polvo la semilla de la corrupción. El pecado original no es otro que la separación, la pérdida de la pureza: no somos ángeles, sino una mezcla de lo diabólico con lo divino y con la libertad de movernos hacia las nubes o de rodar hacia la sima.

El ego se deja llevar por la ambición y lucha por expandirse a toda costa desde el inicio de la humanidad.

El poder absoluto promueve aún más que se infrinjan todas las normas éticas: promueve la violencia y el engaño con el fin de sacar provecho económico y sojuzgar a la mayoría.

Así el Tlatoani dominaba en beneficio de sí mismo y de una élite. Los súbditos habían sido educados para hincarse ante los Señores, aun ofreciendo la sangre de sus corazones.

El semidios controlaba todo y la nobleza, más la casta administrativa, recogían para si lo que podían, aunque a veces hubiera que abusar por medio de ardides o represión.

No fue gratuito que miles de indígenas se unieran al conquistador europeo y fueran la base para la caída del imperio Azteca y la construcción de un país.

Un poder autoritario sustituyó a otro y la mayor parte de la población era explotada por los cercanos al virrey (incluyendo a indígenas que lograron insertarse en la cúpula de la nueva sociedad).

El trabajo no fue sacralizado, por el contrario fue -inconscientemente- despreciado por aquellos que no eran dueños de la riqueza que ellos mismos generaban. Así que cuando la traición podía lograr un atajo era ejecutada con frialdad y sin remordimiento: “el que no transa no avanza.”

Eran pocos los castellanos, cada vez más los mestizos y muchos los pueblos originarios así que el rey Felipe II, para controlar el vasto territorio y obtener más fondos, empezó a vender cargos públicos al mejor postor. Así que el funcionario se sentía con el derecho de recuperar su inversión por medio de actos abusivos e ilegales. Para este tipo de gobernantes no era primordial el servicio a la comunidad sino el lucro. Así se fue consolidando una cultura donde se toleraba el robo y el dispendio: “ya no queremos que no roben: nomás que no roben tanto”.

Llegó la independencia, la Reforma, luego otra revolución. Y mientras el Estado se volvía más y más un “ogro filantrópico” incapaz de compartir el poder, mayor la corrupción. Así se desarrolló la nación mexicana; no todo fue negativo y ha habido un gran progreso, pero las estructuras y la idiosincrasia no fomentan la honestidad ni el estado de derecho.

Llegaron unos que se dicen de izquierda, pero ya con el poder en las manos sacan lo más común y reprochable de la naturaleza humana: mienten, roban y traicionan como hemos visto que hacen la mayoría de los políticos a través de la Historia.

Pasarán generaciones para que se pueda cambiar la herencia corrosiva. Ojalá algún día.

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