Volver a clases

Percepción Femenina
Volver a clases
Blanca E. Báez Peña
Si usted es padre de familia, y sus hijos aún van a la escuela, para cuando esté leyendo este artículo seguro pensará que no hay salario que alcance para las demandas del nuevo ingreso a clase y sin embargo, ¡alcanza!
Indistintamente del nivel educativo y del tipo de institución educativa que se haya seleccionado para los tiernos infantes o los adolescentes tardíos, una vez pasado el susto del pago de inscripción, de cuotas, uniformes, laboratorios, papelería y demás insumos demandados, siempre es un gusto saber que siguen estudiando.
Acudir a la escuela, me parece que es uno de los actos comunitarios en los que se requiere de una gran organización y trabajo en equipo. Organizar previamente lo que se requiere para el día a día, los lonches, las tareas, realizar las rutinas de limpieza, aseo personal, buena presentación del ahora llamado outfit. Acudir a las aulas es un acta social por excelencia, en la que nos nombramos y construimos la personalidad, desde nuestra identidad, hasta la reacción de los otros. Somos en última instancia lo que los demás dicen de nosotros, de este modo que lo que hacemos, cómo nos movemos, nos vestimos, caminamos, hablamos, nos comunicamos y relacionamos con los demás, van generando los grupúsculos sociales en los que nos organizamos para existir en este microcosmos que es la comunidad educativa.
Somos lo que decimos dicen los comunicólogos, pero también coincido con ellos, lo que se genera a partir de lo que decimos. Aquí nace la personalidad que nos va a acompañar el resto de nuestra vida académica, ya que aquella broma de primaria o preescolar, apodo o anécdota nos puede etiquetar hasta la vida profesional. He llegado a la edad en que tengo tiempo para reunirme con los compañeros de las generaciones en las que estuve en la primaria, secundaria, etcétera. En cada una de esas reuniones, nos reencontramos con las canas que peinamos o las que ya no tenemos para peinar, con la idea de volver a ver al compañero de banca, al chistoso, al enojón, al que se cayó de la silla, al que expulsaron, al que le dio varicela, al que se fue a medio curso o al que se integró casi terminando el año. Ni que decir cuando hemos invitado a las maestras, quienes llegan a las reuniones con ganas inmensas de pasar lista. A veces ellas más que nosotros recuerdan anécdotas que ni nos acordábamos o mejor dicho que no queríamos recordar. Por supuesto que nos siguen diciendo “hijos”, “chicos” y todos sonreímos en complicidad.
Seguimos ahora en grupos de whats, en las que mandamos mensajitos de buenos días, de buenas noches, felicitándonos en los cumpleaños, en las fiestas importantes, apoyándonos, en esta multiplicidad de personalidades, pues no son los mismo mensajes que se envían en los grupos de los compañeros de primaria, así se suelen enviar muñequitas, mensajes con musiquita, mientras que en los grupos de secundaria y prepa llegamos a compartir algunos chistes subidos de color, y asi conforme la edad en que nos encontramos en esta supercarretera de la vida, nos seguimos comunicando como si nos hubiéramos congelado en esa edad del encuentro. Escuchamos comentarios como: “estas igualita”, “no has cambiado nada”, cuando muy adentro sabes que no es así, que si has cambiado y mucho aunque se agradece el cumplido.
La escuela es un espacio social, de encuentro y convivencia, por eso me da gusto que todavía existan las escuelas presenciales, los maestros que puedes ver y acercarte, los compañeros a los que puedes abrazar, saludar de “chócalas”, compartir la hora del recreo e intercambiar el lonche con el otro.
Las escuelas virtuales que se institucionalizaron en la pandemia, son útiles, necesarias y benéficas, seguro se disfrutan también los encuentros, se ven se conocen en cámara, en videos, cuando se reúnen a realizar trabajos y tareas a la distancia, otra forma de interactuar, en donde se estimulan otras modalidades sensoriales como el oído y la vis
A mí me tocó vivir la del siglo pasado, en la que en mi lapicera tenía borradores de sabores que olían a limón y sandía. Intercambiar el sándwich de jamón por la torta de cajeta, empujarse en la fila de la cafetería, aguantar las bromas, ir acompañada al baño, echar porras al equipo de básquet, irse de pinta, brincarse la barda de la escuela y caminar por el tubo del drenaje para llegar a los campos de cultivo para cosechar sin permiso fresas, a mi me toco eso y fue muy lindo.
Los estudiantes de ahora están construyendo otras historias, ir a la escuela es la posibilidad de tener personalidad a través de lo que eres y lo que haces con los otros. ¿no le parece?



