EL MAL DE OJO Y LAS REDES SOCIALES

Crónicas del Espíritu
EL MAL DE OJO Y LAS REDES SOCIALES
Iván Juárez Popoca
La primera vez que escuché sobre el “mal de ojo” fue hace mucho tiempo conviviendo con campesinos y, desde mi soberbia de joven citadino, pensé que se trataba de una burda superstición. Sin embargo, ahora puedo decir que tal fenómeno existe.
Todos estamos interconectados en un nível que va mucho más allá de lo físico y la energía negativa producida por la envidia y el odio puede transmitirse a través de una mirada con intención y aún por el puro pensamiento.
Desde el punto de vista psicológico se considera que la debilidad de la mente y la sugestión por medio de las actitudes, las palabras o los mensajes escritos pueden afectar a un individuo.
En las redes sociales, en donde estamos expuestos a tanto mensaje negativo, se hace necesario poner una barrera mental frente a personas destructivas o ignorantes que no saben dialogar ni mucho menos apreciar, sino que buscan desahogar su frustración y amargura.
Ante los comentarios malintencionados lo primero es concientizar, comprender que esa persona tiene sus heridas, sus deficiencias y no puede hacer más. De esta manera evitaremos que la mala vibra nos alcance y evitaremos el enojo o engancharnos en una batalla inútil: si alguien te mira fijamente de una mala manera, esquívale; si lees un ataque visceral, ignóralo.
El comentario crítico de algún cliente, la mirada reprobatoria de un tendero, el ceño fruncido de algún transeúnte…cualquier cosa puede hacernos sentir mal -a veces, sin que nos demos cuenta- y por ello hemos de fortalecer nuestro amor propio y darnos cuenta de que somos una maravilla única y que, independientemente de nuestras fuerzas, tenemos la protección de la energía más alta.
Desde el punto de vista místico, formamos parte de una unidad que está regida por Dios y a él podemos encomendar nuestro bienestar y obtener un escudo para protegerse de la gente malévola. Y entonces, podemos recordar lo escrito en Romanos 8:31 “¿Pues qué diremos a esto? Si Dios por nosotros, ¿quien contra nosotros?”.
Vivimos en un mundo peligroso, lleno de rigor. Y por ello es conveniente mantener un estado de alerta para detectar tanto a aquellos que pretenden hacernos daño como a nuestra propia negatividad, porque a veces somos nosotros los que nos miramos a nosotros mismos con dureza y luego hacemos esto con el prójimo.



