UNA HISTORIA CON HUMOR

Crónicas del Espíritu
UNA HISTORIA CON HUMOR
Iván Juárez Popoca
Sí todos tuvieramos el hábito de leer el mundo sería mejor porque la literatura enriquece la visión de la realidad al permitir el contacto con un sinnúmero de experiencias y formas de pensar.
La lectura también nos puede vacunar contra el fanatismo y la manipulación ideológica. Siempre y cuando no leamos una y otra vez al mismo autor, pues entonces no tendremos puntos de comparación ni nos daremos la oportunidad escuchar voces disidentes y robustecer nuestro criterio. Eso es lo que pasa en el mundo digital cuando nos dejamos regir por el algoritmo, que te lleva a oír siempre a los mismos opinadores, a escuchar lo que quieres escuchar: un auto-adoctrinamiento que produce manipulación ideológica, odio y polarización.
Jorge Luis Borges afirmaba que la lectura es lo que puede hacer grande a una persona, más que lo que pueda escribir.
¿Pero qué leer? Yo considero que es bueno leer de todo, Sin embargo, el escritor japonés Murakami recomienda -por medio de uno de sus personajes- que hay que ocuparse de escritores que hayan pasado la prueba del tiempo -décadas al menos- y cuya calidad permanezca, junto con el reconocimiento de los lectores y su influencia literaria. Autores como Homero, Esquilo, Marco Aurelio, Dante, Shakespeare, Cervantes, etc. O más cercanos en el tiempo como Borges, Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Neruda, Graham Greene y muchos otros son pilares de la cultura universal.
Yo soy un “adulto mayor” y mi tiempo para leer a los grandes es reducido. De hecho una vida no basta para abarcar la producción de los consagrados. Por ello procuro conocer a los más destacados. Sin embargo hago excepciones cuando se trata de algún tema que me apasiona, como es el caso de la Historia.
Acaba de aparecer un libro más de Alejandro Rosas, quien lleva más de treinta años dedicado a escribir sobre Historia y a divulgarla.
La obra en cuestión se llama “Érase una vez Tenochtitlán” y maneja información bien documentada, pero mezcla en su narrativa un sentido del humor que transforma el contenido en algo divertido, disfrutable. Por ejemplo en una parte del relato el autor describe así una lucha por el poder entre los mexicas:
“Tizoc y Ahuizotl tuvieron que tragar camote -expresión mexica que significa que no les quedó de otra que resignarse. Con la designación de Axayácatl ni siquiera pudieron exigir “voto por voto”, porque la elección residía en un consejo de señores de la nobleza mexica, cuya sabiduría nadie ponía en duda…”
Respecto a los primeros encuentros de Cortés con los pueblos originarios se lee:
“Incluso sus aliados tlaxcaltecas le expresaron a Cortés que, si era una divinidad, se comiera unos indios y que le llevarían más, a lo que respondió: “No soy Dios, soy un hombre.”
Para cuando los españoles estaban a tiro de piedra de Tenochtitlán, Moctezuma, los señores principales, los guerreros y todos los pueblos del valle de México sabían que los españoles eran de carne y hueso…sólo les faltaba degustarlos si se prestaba la ocasión.”
Todo el texto está salpicado de ocurrencias que a algunos les podrán parecer irreverentes, pero que a mi me parecen la pimienta de un estilo de contar los hechos que se agradece: amena, fluida y como a mi me hubiera gustado que me enseñaran Historia en la escuela. Por otra parte, el rigor histórico se mantiene y resulta obvio lo que debemos considerar un comentario jocoso y nada más.
A setecientos años de su fundación, Tenochtitlán resurge en este libro que nos libera de prejuicios, de la retórica populista y la Historia mal contada desde el ámbito oficial. La publicación es de Editorial Planeta.
Muy recomendable.



