UNA VENGANZA CONTRA DIOS

Crónicas del Espíritu
UNA VENGANZA CONTRA DIOS
Iván Juárez Popoca
No sé dónde estaba yo en el 2013, cuando estrenaron una película que apenas tuve oportunidad de ver y que es una obra maestra del suspenso: “Prisioneros”.
La trama gira alrededor de una mente enferma que desaparece niños para vengar la pérdida de un hijo que considera injusta y producto de un Dios en el que ha dejado de creer. El objetivo es que otros padres sufran, pierdan la Fe y de esa manera la divinidad se vea evidenciada.
Denis Villeneuve, el director del filme, transmite ansiedad de una manera sutil desde el primer momento y así algo tan sencillo como un observador invisible o la conversación de un policía y el padre desesperado se convierten en escenas llenas de tensión.
Unos padres a los que les han arrebatado sus hijas se transforman en seres irracionales llevados por la ira y la desesperación, capaces de una crueldad similar a la del secuestrador y, efectivamente, la Fe que parecían tener se va diluyendo.
Surge la pregunta que se repite una y otra vez en la historia de la humanidad: “¿Por qué a mí?” “¿Qué clase de ser todopoderoso permite cosas tan terribles?”
La respuesta es la misma que recibió Job, el personaje bíblico, cuando, siendo un hombre ejemplar, recibe una calamidad tras otra: el silencio, la soberanía que no es posible comprender desde la naturaleza de los seres humanos.
Las actuaciones de Terrence Howard y Hugh Jackman son estupendas y representan claramente la cárcel en la que se vuelven prisioneros, tan encerrados como las infantes secuestradas: una cárcel psicológica construida con paredes de odio y temor.
El detective, representado por Jake Gyllenhaal se convierte en una especie de luchador contra las fuerzas diabólicas que ponen un obstáculo tras otro para que no tenga éxito en el cumplimiento de su deber y cuando por un momento se deja desbordar por el rencor, inmediatamente produce una situación caótica.
El autor del script en que está basada la película pone sobre la mesa una verdad estremecedora; constantemente somos prisioneros de nuestras pasiones, del resentimiento, de los prejuicios y del odio.
La fotografía y los escenarios apoyan lo sombrío del filme que incluso tuvo dificultades para ser realizada debido a lo cruento de la historia. Sin embargo, al final surge un rayo de luz y un sonido de esperanza ejecutado por un silbato. No doy detalle para no resultar “spoiler” y te invito a ver algo que, aparte de resultar entretenido, puede hacerte reflexionar



