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PRIMER ENCUENTRO MEXICANO DE HAIKUS, LA BELLEZA DE LA BREVEDAD

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PRIMER ENCUENTRO MEXICANO DE HAIKUS, LA BELLEZA DE LA BREVEDAD

Galia Razo

Y se cumplió la cita. Fue en León, Gto., en la biblioteca central Wigberto Jiménez y el Museo de historia regional de Guanajuato, donde se reunieron escritores que gustan de escribir haikus, esa forma de versificación japonesa cuya estructura comprende tres versos, de 5-7-5 sílabas y aprehende tan solo un instante, un parpadeo, un suspiro.

Convocado por Ángel Acosta y Josué Fernando Morales, la respuesta al encuentro fue numerosa, inesperada. Llegaron de puntos distantes: Chiapas, Colima, Yucatán, San Luis Potosí, Tamaulipas, Ciudad de México, Estado de México, Aguascalientes, Michoacán y varios municipios de Guanajuato.

Parecería que esta brevedad del verso, no tendría adeptos, pero fue hermoso constatar que no es así y no solo eso, que hay gente que viene publicando su creación constante. La misma biblioteca puso a disposición, lo que se tiene, bibliográficamente hablando, al respecto.

Y escuchamos haikus de los más diversos asuntos, casi todos como es su origen, sobre la naturaleza, pero muchos otros de sentimientos recónditos, de sacudimientos interiores. Fue nutrir el alma y aprender.

Hubo ponencias diversas, las que abordaron el origen japonés que considera el kigo, la palabra o frase que hace referencia a la estación del año, elemento esencial del haiku tradicional japonés, ya que ayuda a situar el poema en un contexto temporal específico y a evocar la atmósfera de esa estación. A este respecto, Ángel Acosta hizo una reflexión sobre la referencia constante a la flor de cerezo, como evocación del Japón y la necesidad de una kigología mexicana, por lo que habló de volver la vista a mirar nuestra flor nacional, la dalia, así como otros referentes propios de nuestra geografía.

El orden del programa se distribuyó en mesas que fueron denominadas como: “Las primeras brisas del huracán…”, “Ya se esparcen los pétalos de las dalias…”, “Por fin, hoy abrió la magnolia…”, “Bisnagas de Guanajuato en flor…”, “Las ráfagas de la lluvia hacen que los granizos brinquen…”, “Entre las pitayas, todavía escurre la lluvia de la tarde…” y ¿Qué silencio es este que llega tras el canto del zorzal…? albergando lecturas de haikus de diversos autores, así como presentaciones de libros como Los haikus de la flor de cactus, de Aurea Leticia Reza; cabañuelas arbóreas, de Jesús Gómez Morán, ganador del premio nacional de haikus ‘Juana María Naranjo’ 2024; Miradas a la naturaleza, de Esperanza Julia Ayala; la revista Inexistente, de Ulises Mendoza y Marco Itzammá Monroy; además del performance de Denise Juárez Laina presentado “Samidare, kigo de verano”, y de María Rita Mata, la monarca poética, con “Un kigo de otoño”; además, el recital de haiku bilingüe (México-japonés) a cargo de Coral Chamuari (Paloma de la Paz) y José Luis Vidal Ávila quién mostró el hábil manejo de su katana.

Las conferencias también tuvieron cabida en estos espacios, así, se habló del Kibutsuchishi: La propuesta de Seiko Ota para la composición del haiku en español (Jesús Gómez Morán); Armando Duvalier: El Haiku y las vanguardias en Chiapas (Marco Antonio Orozco); Mi credo sobre el haiku (Armando Gómez Villalpando); Los haikus de La página y su sombra (Augusto Nava Mora); ¿Cómo interpretar el haiku? Homenaje a Fernando Rodríguez-Izquierdo Gavala (Francisco Barrios) y “Hacia una kilología en México” (Ángel Acosta).

Fue Francisco Barrios quien planteó preguntas muy pertinentes sobre el haiku: ¿el fondo es inseparable de la forma?, ¿todo haiku para ser considerado como tal debe ceñirse al esquema silábico 5-7-5? ¿dónde quedan los términos estacionales o kigo al escribir en español? ¿Las experiencias personales tienen cabida en el haiku? ¿qué tal los acontecimientos pasados?

El evento que comenzó en la sobria sala José Vasconcelos, finalizó, en una segunda parte, en el salón de las esculturas del Museo Regional de Guanajuato, donde, flanqueados por esas clásicas y bellas figuras humanas, se escucharon las últimas participaciones y se hizo una renga, poesía colaborativa, donde los presentes aportaron cada uno un haiku, actividad con la cual se cerró el evento, que había comenzado un día antes con un taller para niños.

A los participantes se entregó un ejemplar de la Memoria del Primer Encuentro Mexicano de Haiku, y se quedó de elaborar la Memoria de las conferencias impartidas, lo cual será un verdadero tesoro.

El evento, aunque tuvo la duración de todo un día, pareció un haiku en el espíritu de los asistentes, porque se quedó la necesidad de saber más, en esa aspiración secreta de llegar a ser un haijin (poeta que escribe haikus), mejor dicho, una pléyade de haijines mexicanos.

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