Crónicas del espírituEl opinadero

MI SUICIDIO NO ES SU CULPA

Crónicas del Espíritu

MI SUICIDIO NO ES SU CULPA

Iván Juárez Popoca

Una vez quise terminar con mi vida debido a una decepción amorosa: atrapado por una dependencia enfermiza y bajo la influencia de mensajes de tipo cultural que se han transmitido desde antes del apogeo del Romanticismo en el siglo XIX hasta nuestros días.

La actitud romántica enaltece la pasión e idealiza tanto a la naturaleza como a lo propiamente humano, rechaza y transforma la realidad. Esto tiene algo de hermoso, pero también resulta ser una influencia que ha producido locura y destrucción.

Recuerdo que estando yo cursando la secundaria en Taxco Guerrero, me impactó el caso de un joven locutor que se suicidó en la estación de la radio local, públicamente. Todo porque una chica lo había hecho a un lado, la misma que tuvo que lidiar con críticas que le hacían pasar por culpable. Sin embargo, ¿Qué culpa tenía ella de los conflictos emocionales de su exnovio? Ninguno: cada quien es responsable de sus acciones y la diferencia estriba en la forma de reaccionar ante un evento. Algunos pueden ser resilientes, mientras que otros abrazan el sufrimiento y lo convierten en veneno.

Existen muchos casos de personajes célebres que se han suicidado, como el poeta Manuel Acuña, autor del famoso “Nocturno a Rosario” y quien tomó cianuro al ver que su amor no era correspondido por Rosario de la Peña. Esta mujer inocente tuvo que escuchar a Manuel Altamirano diciendo: “¿Que ha hecho Rosario? ¿Qué ha hecho? Acuña se acaba de matar por usted…”

¡Habráse visto mayor injusticia! Y con una buena dosis de machismo. La descarga de responsabilidades sobre una mujer en cuya cabeza jamás se engendraron las motivaciones del suicida.
Cuando que el sexo femenino, generalmente, tratará de apoyar la existencia propia y del otro. Resulta interesante que las mujeres se quitan la vida mucho menos que los hombres: el sexo femenino encarna con mayor fuerza la voluntad que se abre paso para dar y sostener la vida a como dé lugar.

Mucho se ha especulado sobre las dimensiones éticas del suicidio, sobre cuando es una salida reprochable o puede tener sentido, pero eso lo dejaremos para otra ocasión. Lo que sí es un hecho es que debemos dejar de romantizar la muerte de hombres desesperados y egoístas.

Así que, si alguien siente la urgencia de partir, lo mejor es que vaya a ver a un psicólogo o que, al menos, deje una nota con el mensaje, claro y sincero de “No se acuse a nadie de mi muerte”.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba