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JFK Y LÓPEZ MATEOS: UNIDOS POR EL DESTINO

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JFK Y LÓPEZ MATEOS: UNIDOS POR EL DESTINO

Iván Juárez Popoca

Era por la mañana y el clima fresco abrazaba a los niños de primaria que formábamos una larga fila a lo largo de la entrada principal a la ciudad de Taxco Guerrero: de hecho, una sección de carretera que -curiosamente- años después sería denominada “John F. Kennedy”.

Habíamos sido llevados para dar la bienvenida a nuestro presidente de la República, como parte de ese ritual solemne y nacionalista al que estamos acostumbrados en México.

Después de una larga espera, por fin apareció un autobús especial en el que viajaba el que en ese momento nos parecía un superhéroe, un santo, el Tlatoani; alguien con poderes más allá de lo humano: Adolfo López Mateos, a quien pude ver, saludando con una mano y haciendo gala del gesto que le valió el apodo de “el presidente sonriente”. Eso fue todo: habíamos rendido pleitesía al mandatario carismático, jovial y uno de los más populares que ha tenido este país.

Por otra parte, recuerdo -como en sueños- haber visto en un viejo televisor General Electric escenas de la visita a México de John F. Kennedy, quien compartía con López ciertas características: era alto, elegante y con una popularidad que trascendía su territorio. En la capital -en esos tiempos Distrito Federal- se congregó una multitud para demostrarle sus simpatías. Y era un entusiasmo auténtico, independientemente del acarreo oficial que se lleva a cabo en estos casos.
Pasó el tiempo y un día tuve que enterarme de la trágica noticia del asesinato de Kennedy: la terrible escena del auto, gente llorando por todas partes, un niño tirando a la basura sus armas de juguete, el solemne acto funerario, un niño haciendo el saludo militar frente al ataúd de su padre…el mundo conmocionado.

JFK y López Mateos tenían mucho de espejos: jóvenes, carismáticos, guapos y gobernando al mismo tiempo.

El mexicano promovió la educación y los libros de texto gratuitos, creó el ISSSTE, amplió el Seguro Social y nacionalizó la industria eléctrica. Por otra parte hizo obligatorio el aguinaldo, impulsó el voto de la mujer, construyó unidades habitacionales para trabajadores y, en general, su sexenio fue de desarrollo económico estable. Sin embargo, a pesar de haberse declarado “de izquierda dentro de la constitución” reprimió a los ferrocarrileros y al movimiento magisterial. Todo ello dentro del contexto de la guerra fría. Una mancha grave para su sexenio fue el asesinato del zapatista Rubén Jaramillo: no hay pruebas de que este acto haya sido ordenado por el ejecutivo, más fue su responsabilidad.

John F. Kennedy llegó a tener cierta amistad con el mandatario mexicano e incluso recibió su apoyo durante la crisis de los misiles cuando proyectiles atómicos de la URSS en Cuba estuvieron a punto de provocar una hecatombe mundial. Kennedy ordenó un bloqueo naval en vez de invadir y negoció en secreto con el líder sovietico Jrushov: prácticamente estas negociaciones salvaron al mundo, impidiendo la tercera guerra mundial.

Además JFK apoyó los derechos humanos, incluyendo la lucha en contra de la segregación racial. Asimismo fundó el Peace Corps y mandó a jóvenes estadounidenses voluntarios a enseñar, construir y combatir la pobreza en muchos países.

Otro movimiento de Kennedy fue el recortar impuestos y desarrollar la economía así como iniciar la carrera espacial que puso al primer hombre en la Luna. El visionario presidente no pudo ver esto, pero su programa sigue vivo y sorprendiendonos con sus logros.

El lado B del norteamericano fue la invasión de Bahía Cochinos, que para colmo terminó fracasando, y -más grave aún- el escalar la guerra de Vietnam.

Tanto JFK como López Mateos compartían el defecto de ser mujeriegos y la fama de conquistadores, lo cual no dejó de provocar escándalos. Por otra parte -coincidencia extraordinaria- ambos ocultaban el sufrimiento de la enfermedad: Kennedy tenía Addison y dolores de espalda terribles mientras que López Mateos sufría aneurismas cerebrales que le atormentaron hasta el final de sus días. El primero fue asesinado el 22 de noviembre de 1963 y el mexicano falleció víctima de su enfermedad agravada en 1964.

Los dos tuvieron errores y aciertos, como cualquier ser humano, como resulta siempre en la Historia. En el transcurso de esta se cruzaron dos personalidades extraordinarias, quizá debido a un destino influenciado por alguna voluntad inescrutable que, muchas veces, nos parece caprichosa.

Durante la visita del matrimonio Kennedy fueron invitados a cenar en la residencia presidencial y Jackie -que hablaba español perfectamente- charlaba con el presidente mexicano. John, algo celoso, dijo: “presidente, usted viaja mucho…¿también habla tantos idiomas como mi esposa?” López Mateos -sin perder la sonrisa. le contestó; “No, presidente: yo sólo hablo el idioma de la amistad”.

Todos aplaudieron. Eran unos galanes de la política.

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