ANÉCDOTAS CHISTOSAS DE HOMBRES PODEROSOS

Crónicas del Espíritu
ANÉCDOTAS CHISTOSAS DE HOMBRES PODEROSOS
Iván Juárez Popoca
Una anécdota es un relato breve y curioso que nos ayuda a conectar con otros a través de experiencias compartidas.
Cuando se trata de personajes con poder la anécdota posee un atractivo extra y resultan memorables; con un sentido del humor especial. Hay muchas, pero comparto con ustedes algunas que me resultan muy significativas:
«Napoleón Bonaparte llegó a un salón, se quitó su sombrero y quiso colocarlo en un perchero que le quedaba a demasiada altura. Un oficial se adelantó para ayudarle, diciendo: ‘permítame mi general: yo soy más grande´. Napoleón le miróʻ y le dijo: «No: tú eres más alto: yo soy más grande»
El ego de los líderes suele ser desmesurado y exige respeto.
«El veracruzano Adolfo Ruiz Cortines llegó a la presidencia de la República (cuando ser presidente de México era algo más que respetable). En una ocasión asistió a un mitin en un estado del Norte. El acto se llevaba a cabo en una plaza pública y resulta que empezó a lloviznar. El gobernador de la entidad -queriendo hacerse el simpático- preguntó:
-¿Sabe como le llamamos aquí a este tipo de lluvia, señor presidente?
-No…¿cómo le llaman?
-Mojapendejos.
El gobernador rió, pero Ruíz Cortines ni siquiera esbozó una sonrisa. Se concretó a comentar:‘En Veracruz no le llamamos así.’
-¿No?
-No, porque en Veracruz no hay pendejos».
Imagínense la cara que puso el bromista. Parecida, creo, a la que debe haber puesto un aristócrata inglés frente a un taxista sincero.
«Winston Churchil, el gran primer ministro británico tomó un taxi hasta la BBC de Londres donde tenía que dar un importante discurso. Al llegar le pidió al conductor que lo esperara una hora, pero este le contestó que no le era posible porque iría a su casa a escuchar en la radio a Churchill.
El político no reveló su identidad: algo extrañado de que no lo hubieran reconocido, pero halagado por el interés de aquél ciudadano. Así que le pagó y le dió una propina especialmente generosa. El conductor contó los billetes y con alegría en el rostro dijo :
¡Gracias! Y si quiere lo espero todo el día…¡al diablo con Churchill!»
Los líderes a veces reciben la estocada, aunque, generalmente, son los que llevan la espada en la narración.
«Cuentan que Plutarco Elias Calles fue a visitar a un hombre rico y el asistente del mismo le pidió que esperara un momento en el jardín de la residencia pues el patrón saldría en un minuto. Calles esperaba cuando de pronto apareció un perro enorme que empezó a gruñir y amenazaba con saltar sobre él. Entonces el militar, que no se andaba por las ramas, sacó su pistola y estaba a punto de disparar cuando llegó corriendo el dueño de la casa y gritó: ‘¡No mi general, no lo mate! Está capado!’ Ante lo que Calles dijo: ‘¿Y eso que? Yo de lo que tengo miedo es de que me muerda!»
Desde luego que algunas historias no son corroborables al cien por ciento, y también pueden haber sido transformadas o hasta inventadas por el ingenio popular. Tal es el caso, creo, de la narración con la que cerramos y que de cualquier manera exhibe muy bien el carácter mujeriego (ese sí documentado) de dos mandatarios.
«Cuando Kennedy visitó nuestro país le comentó al presidente López Mateos que llevaba un reloj muy bello. Después del comentario López se quitó el reloj y se lo obsequió provocando la sorpresa y gratitud del dignatario. Más tarde tuvieron una reunión en la que estuvo presente Jackeline, la primera dama estadounidense. En un momento López Mateos señaló, deslumbrado, que Jackie era muy hermosa.
John se quitó la joya que le había sido obsequiada y le dijo «aquí tiene su reloj, señor presidente.”



