Crónica pelirrojaEl opinadero

Mariposas de Michoacán

Crónica pelirroja

Por Piper Neulander

A finales del mes de marzo fui con un amigo que tiene carro a ver a las mariposas monarcas en el santuario “El Rosario” en Michoacán. Ir desde la Ciudad de México toma más o menos tres horas para llegar a ese lugar. Ya en el sitio, hay que subir un cerro para alcanzar a la entrada oficial del santuario donde se compran los boletos. Ofrecen la oportunidad de tener una guía o de subir en caballo. Aunque me encanta montar caballos, elegí subir a pie para ver mejor a las mariposas.

En marzo muchas de las mariposas ya han empezado su viaje de regreso a Canadá, pero todavía había muchas mariposas volando por las escaleras de subir el cerro. No fue muy fácil el ascenso, y tuve que parar varias veces para respirar, pero al llegar a la cima todo el esfuerzo valió la pena.

El santuario se ubica dentro de un bosque, y las mariposas descansan por todas las ramas de los árboles. Comen algodoncillos, una flor de néctar amarilla y vi a muchas mariposas prácticamente borrachas del néctar, descansando entre las flores. Además, hubo un montón de mariposas aleteando por todos lados. Y, por otro lado, se pueden ver mariposas muertas con sus alas rotas, por todo el suelo del bosque. En este punto de contraste me pregunté por qué ellas, insectos tan frágiles, aletean, pues desde mis ojos pareció que no hay ninguna razón, pero me di cuenta de que tal vez para una entidad más grande, los seres humanos pareciéramos también aletear sin razón. Me gustó tener un momento para reflexionar sobre la importancia y el misterio de la naturaleza, mientras estaban a mi alrededor todas esas mariposas.

En general, las monarcas son una especie bastante misteriosa para los humanos. Viven en un ciclo de viajar entre Canadá y México, pero toma cuatro generaciones para completar el ciclo. Entonces, ninguna mariposa tiene la memoria de donde va, es parte de su ADN entender donde viajar. Los científicos tienen la hipótesis de que las mariposas siguen olores para repetir el ciclo entre Canadá y México, pero nadie sabe 100% por qué o cómo las mariposas alcanzan a hacerlo año tras año.

Me parece que la naturaleza sigue un ciclo bastante bonito, armónico, lógico, y me asocié que tal vez en los momentos en que estoy en momentos donde siento atrapada o perdida, quizás solo estoy en parte de mis ciclos de vida, y como las mariposas no sé a dónde voy, pero sé que tengo que seguir volando.

Visitar a las mariposas fue un momento muy lindo de conectar con la naturaleza. Como niña en Texas, aprendí sobre las monarcas en la escuela, pero los vemos en Texas solo cuando viajan a México. Las mariposas son otro ejemplo de la conexión fuerte que siento entre mi hogar y México, y estoy muy agradecida por haber tenido la oportunidad de ver uno de los lugares a donde llegan antes de regresar a Canadá.

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Formada en ciencias políticas y en las artes en su natal Texas, Piper Neulander ha comenzado a escribir para Radar el Centro una serie de artículos sobre los lugares que va conociendo en México, pues los ve con su mirada nueva. Su colaboración la denomina Crónica Pelirroja, pues su cabello, de ese peculiar color.

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