SI LA ENVIDIA FUERA TIÑA…

Crónicas del Espíritu
SI LA ENVIDIA FUERA TIÑA…
Iván Juárez Popoca
Va uno caminando con alguien en el parque y se topa con un grupo que está practicando yoga. Te llaman la atención las posturas, pero no lo suficiente para que te interese aprender algo de esa disciplina, sino que se reacciona con sorna y le comentas a tu acompañante lo ridículas que se ven esas personas, señalando además que algunas son demasiado viejas o gordas y que nada más pierden el tiempo. De ninguna manera surge la motivación necesaria para hacer algo para mejorar nuestra condición física. La pereza se impone ayudada por la soberbia.
Vemos a un señor en un auto de lujo, propietario de una bella residencia, con dinero y prestigio. Y entonces sentimos una especie de rencor que evita preguntar qué ha hecho ese tipo para tener lo que tiene. De inmediato lo catalogamos como un explotador, empresario enemigo del pueblo o -seguramente- metido en negocios obscuros… “¿En qué trabaja el muchacho?”
Colocamos en un estereotipo a todas las personas que han logrado una posición que está muy lejos de nuestro alcance: máxime si nunca hemos hecho nada por obtenerla. Esta actitud tan común es ampliamente utilizada por el populismo para manipular a las masas creando un enemigo contra el que hay que operar siguiendo al líder justiciero. Llamó mi atención el post de un seguidor del gobierno actual que decía: “No tomamos el poder para tener sino para que esas ratas pierdan sus privilegios”. O sea que no se trata de que dejes de ser pobre: se trata de que todos seamos pobres y que dependamos de una nueva élite que es la que reparte el pastel.
En una ocasión estaba yo dando una clase cuando llego una alumna nueva, especialmente bonita. Le señalé su lugar y cuando ella iba a sentarse, otra estudiante le puso el pie -consciente o inconscientemente- de manera que la chica tropezó, para quedar en una posición ridícula.
La belleza física, la inteligencia, la preparación académica, el talento, la riqueza…todo puede ser motivo para engendrar ese sentimiento al que llamamos ENVIDIA y que ha sido descrito como “un veneno que preparas para otro y que acabas tragando tú mismo”.
La envidia es parte de la naturaleza humana, tan así que se le considera pecado capital. Todos la hemos sentido. Bien dice el dicho popular: “sí la envidia fuera tiña, ¡cuántos tiñosos no habría!”
¿Qué podemos hacer para disminuir el peligro de ser arrastrados por la envidia?
Primeramente, aceptar que, a veces, somos víctima de ella. Luego fortalecer nuestra autoestima y dejar de compararnos con los demás: cada quien tiene sus cualidades y sus limitaciones, dentro de las cuales podemos buscar ser mejores como entes humanos y en el área que nos interese. Y mucho nos ayudará convertir nuestra envidia en admiración por ese que ha logrado algo que valoramos; aprender de esa persona y -dentro de lo posible- seguir sus pasos, en lugar de ser como aquel sapo que escupió sobre una luciérnaga y cuando esta le preguntó por qué la maltrataba de esa manera, el sapo le contestó: ¡porque brillas!
Procuremos ser más como la luciérnaga y menos como el sapo.



