Crónicas del espírituEl opinadero

DE LA REGIÓN DONDE NO HAY PENDEJOS

Crónicas del Espíritu

 

DE LA REGIÓN DONDE NO HAY PENDEJOS

 

Iván Juárez Popoca

 

Estaba el presidente de la República (cuando ese puesto implicaba un estatus casi monárquico) en un Estado del norte de México. Él y el gobernador de la entidad presidían un mítin en la plaza pública. Y ocurrió que estaba cayendo una leve llovizna. Entonces al anfitrión se le ocurrió hacerse el chistoso y preguntó:

 

—¿Sabe cómo le llamamos aquí a esta agüita?

 

—No -Respondió el mandatario.

 

—Le decimos «moja pendejos» -dijo el otro político, al tiempo que soltaba una risita burlona.

 

Ante esto Ruíz Cortines replicó:

 

—En Veracruz no le llamamos así.

 

—¿No?

 

—No: porque en Veracruz no hay pendejos.

 

Y desde luego que le cambió la cara al bromista.

 

Adolfo Ruíz Cortines no solamente era ágil para responder, sino que fue un gobernante serio, austero y de probada honestidad. Había sido militar, luchando contra Victoriano Huerta y luego ocupó varios puestos públicos (incluyendo la gubernatura de Veracruz) hasta llegar a la presidencia en 1952.

 

A Ruiz Cortines le tocó enfrentar la corrupción que se había extendido como un cáncer durante el gobierno de Miguel Alemán quien -aunque impulsó la industrialización- fomentó el latrocinio, el capitalismo de compadres y otras prácticas nocivas que aún sufrimos.

 

El veracruzano puso orden e hizo lo que estuvo a su alcance por lograr la estabilidad económica y un ejercicio del poder honrado, predicando con el ejemplo.

 

Existe una leyenda urbana que afirma la existencia de «Los Hombres de Negro», que consistía en un grupo de representantes del ejecutivo que vestían trajes de ese color y que llegaban sin aviso ante funcionarios corruptos para hacer auditorías, detectar irregularidades e incluso removerlos de su cargo.

 

Claro está que don Adolfo no logró muchos de sus objetivos y no fue perfecto (ningún líder lo es), pero tuvo muchos aciertos, entre los que podemos contar el impulsar la educación y la construcción de carreteras, aeropuertos y hospitales. Asimismo, modernizó las redes telefónicas y telegráficas.

 

Llama mi atención que el insigne veracruzano no es muy reconocido en la difusión histórica, es un personaje olvidado: quizá porque no fue un hombre de aspavientos ni demagógico. Sin embargo, es uno de los mejores presidentes que ha tenido nuestro atribulado país.

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