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ALADDÍN, EL MUSICAL

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ALADDÍN, EL MUSICAL

 Galia Razo

Es necesario hablar de la puesta en escena de Aladdín, el musical, una producción de la empresa salmantina Backstage Agency, que, como en otras ocasiones, presentó un excelente trabajo.

Quizá se pregunte Usted ¿por qué calificar de excelente esta presentación? Pues le voy a enumerar las razones.

Llevar a escena la muy conocida historia de Aladdín, cuento clásico y presentando en el cine por Disney, representa todo un reto, no solo por los elementos mágicos que presenta, sino por la adecuación del libreto. Comenzando por ahí, se enfrentaba un primer desafío. Pero los directores de Backstage, Emmanuel y Víctor, lo sacaron adelante, agregando, además, un pasaje donde se presenta la etapa infantil de Aladdín, lo que permitió integrar al reparto, a algunos de los pequeños actores y actrices. Así, hubo un Aladdín y una princesa Jazmín, siendo niños y luego ya estando jóvenes. En total fueron, si no estoy mal en mis cuentas 47 actores en escena.

Además, tomando en cuenta que son estudiantes de teatro, su desempeño fue sobresaliente, ya que se desplazaron en escena y durante sus parlamentos, con gran soltura y seguridad (aunque a veces el micrófono fallaba, ellos no perdían la secuencia), lo cual revela disciplina y enseñanza profesional.

La caracterización de personajes fue notoria, no solo en los papeles centrales, como el de Aladdín, sino que hubo pequeñas y pequeños que se robaban la escena. Mención especial merece el actor que interpretó Jaffar, quien con su vozarrón y presencia escénica logró que el público lo viera como el malo de la obra, lo cual, actoralmente hablando, es un triunfo, así como su ayudante, Iago, interpretado por una chica que robó carcajadas y sonrisas.

Otras sobresalientes caracterizaciones fueron el genio de la lámpara, así como quien hizo el papel de alfombra. La princesa Jazmín, de hermosa presencia, también robó suspiros.

Los bailes, los cantos, le dieron una dinámica increíble a la obra, la cual, aunque, debemos decirlo, resultó larga.

Mención especial merecen los vestuarios, hermosísimos todos, sobresaliendo los de la princesa Jazmín, que nos situaron en época y en el reino de Ágrava. Se debieron al diseñador Estrades.

El manejo del elemento mágico fue muy bien resuelto, pues como ustedes saben, hay una alfombra voladora y esto se logró con proyecciones de video, donde el actor, mediante inteligencia artificial seguramente, viajaba sobre la alfombra y nos llevaba a todos los espectadores en ese vuelo; previamente, ese mismo recurso nos había situado en el interior de la cueva donde estaba la lámpara mágica. Los telones de fondo también fueron proyecciones. En resumen: la tecnología al servicio del teatro, complementada por una ingeniosa tramoya, oportuna y bien pensada.

Este montaje nos mostró el trabajo teatral que se viene realizando en Salamanca (y que paradójicamente no se presenta en esta ciudad por falta de un teatro, por lo que se presentó en la vecina Irapuato), por verdaderos directores profesionales y que están formando a una nueva generación de actores que ya están demostrando su amor por el escenario y auguran larga vida a esta disciplina en este municipio… aunque no tenga teatro.

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