LOS TAXISTAS LO SABEN TODO

Crónicas del espíritu
Iván Juárez Popoca
Acostumbro charlar con los taxistas: considero que ellos conocen como nadie el ritmo y los acontecimientos de una ciudad. Y muchas cosas de la vida que experimentan, ven y escuchan.
Don Roberto, de cincuenta años aproximadamente, me comenta que está ahorrando para abrir una rosticería (sobre lo que ya ha tomado cursos en Monterrey) y retirarse del volante cuando ya le parezca algo pesado. Me dice que a todos sus hijos les ha dado una carrera. “Son buenos muchachos -afirma- porque yo nunca los descuidé; procuraba convivir con ellos, evitar que anduvieran en malas compañías o que se alejaran de la familia.”
Un taxista joven me platica que “está cabrón”, que hay que andar siempre alerta y que a él una vez un narco lo levantó y le pusieron una golpiza por el solo hecho de que lo rebasó en un camino. Asegura que ya lo iban a matar pero que un jefe se apareció y, después de darle una cachetada a su sicario, le ordenó que soltara a la víctima. “Desde entonces aprecio mucho la vida y me meto menos en pendejadas” me dice el conductor.
A otro le hago el comentario de que su oficio se presta a las aventuras amorosas. “Sí -me dice- y si te apendejas es tu perdición. Anoche una dama se me insinuaba pero tuve que mantenerme frío. Yo soy casado y estoy muy bien: algunos han perdido mujer, casa y hasta el carro por andar de calientes”
En un alto, un taxista llamado Félix, asegura que los semáforos en esa avenida están mal sincronizados. “Y es que las autoridades no nos consultan nunca, y luego en los puestos meten a sus parientes, a la amante o a su jotito. Por eso estamos mal en este país: no buscan a los más capaces, sino que es pura política infestada de lambiscones, corruptos y ladrones.
En otra ocasión que se me ocurre comentarle a otro conductor : «¡Que calor hace!», como suele uno decir para iniciar una conversación. Más no lo hubiera hecho, pues he aquí que el hombre me ha dado una regañada y hasta me soltó una disertación filosófica:
«No se queje, hombre..¡hay que disfrutar el calor! La gente vive quejándose sin sentido. Dios te da al nacer dos regalos: la vida y un tiempo para que logres ser feliz, pero la mayoría no aprecia esto, ni nada: tienen una esposa o esposo que se les hace poca cosa y se la viven peleando.; unos hijos preciosos con los que ni conviven y hasta maltratan; un techo que les parece muy pequeño, y así…siempre insatisfechos y gruñones. Desperdiciando sus dos regalos.»
Estuve de acuerdo con don Manuel (que así se llama) y le pregunté si era miembro de alguna iglesia.
«¡No, que va!» -me contestó- «La mayoría de los que visitan las iglesias son unos hipócritas. Mire: acaba de morir una vecina mía a la que muchos consideraban muy devota y afirman que se ha ido al cielo. ¡Pero yo creo que se ha ido al infierno o al purgatorio! ¿Y sabe por qué? Porque era una mujer egoísta, avariciosa y amargada.»
El señor me fué hablando de otros tópicos. Desafortunadamente llegamos a la central donde yo tenía que abordar un camión. Sin embargo, corroboré una vez más que sí uno tiene algún problema psicológico, alguna duda respecto a la política o, simplemente, se está inconforme con el clima…hay que consultar a un taxista…los taxistas lo saben todo.



