El espejoEl opinadero

Siete veces adiós, debut del grupo teatral Indi

Galia Razo

Hace unos meses atrás, estaba acordándome de la maestra Rosalinda Gutiérrez, quien dedicó toda su vida al teatro, aquí en Salamanca, Gto. Ella, junto con Jaime Quiroga, fueron directores de grupos que dieron vida, por largo tiempo, al movimiento teatral en Salamanca. Ambos, ya fallecidos, dejaban un vacío en el cual solo el trabajo de Pedro Almanza nos quedaba como una posibilidad de continuidad en este panorama.

Sin embargo, de pronto comenzaron a surgir trabajos teatrales realizados por estudiantes universitarios como BF (Best Friend) encabezado por Tadeo Barrón y que ahora ya como alumnos egresados siguen adelante con el grupo, y profesionales como el de BS (BackStage) con Emmanuel y Víctor al frente, y más recientemente, el grupo Indi. Es a este último que en esta reseña me quiero referir.

Primero que nada, es un grupo dirigido por una pareja de jóvenes que aman el teatro. Han tenido formación en esta materia mediante talleres de teatro y participando en algunos trabajos universitarios. Se trata de Diana Ivonne Rangel Hernández Y Andrés Eduardo Cruz Escudero. Se lanzan a poner en escena la obra Siete veces adiós que ha tenido gran eco en las nuevas generaciones y gran éxito en la cartelera en la CDMX. Cada uno de ellos ha participado en diversas puestas escénicas, pero poseen esa natural inquietud de incursionar en otro tipo de montajes y deciden llevarla a escena. Y comienza su andar, largo, tutorado como ellos reconocen, por Pedro Almanza y con sus aportaciones personales.

Y fue el 21 de diciembre de este 2024 cuando en la sala de teatro que posee la nueva casa de cultura en Leona Vicario, se presentaron. Fueron dos funciones. Yo acudí a la segunda a las 8:30 de la noche. Debo decir que lo primero que me llamo la atención fue el equipo de sonido y de micrófonos con que contaban. La puesta en escena cuenta la historia de una pareja que ha caído en la cotidianeidad y ella sugiere separarse. Él se resiste y ante la negativa, él le propone cuando menos revivir los siete momentos más significativos de su relación y así lo hacen. A todo lo largo de la obra, existe un personaje llamado L’Amore, que hará el papel de un narrador activo, ataviado con una estupenda vestimenta, muy ad hoc con el papel, además de otros personajes que cantarán temas acordes con la situación y con voces, si bien entonadas, en ocasiones la nota se les escapaba perdiendo la afinación, pero fueron los menos momentos. Lo sobresaliente es que no cantaban sobre pistas y era una interpretación en vivo.

Los personajes centrales están representados por Diana Ivonne (Ella) y Andrés Eduardo (Él),  su actuación es consistente durante toda la obra, pero  el uso de micrófonos hacía que a veces, al hacer algún movimiento, se perdiera el audio o bien, que golpearan, sin querer claro, el micrófono y esto se notaba. En mi personalísima opinión, creo que el teatro debe ser a voz natural, por eso es necesario estudiar el manejo de la voz, de los resonadores. Además, el recinto era pequeño y cuando en algún momento por requerimiento de la escena se quitaron el micrófono, las voces se escucharon perfectamente.

En este mismo rubro, señalaría que Diana debe de mejorar su dicción y velocidad de expresión, pues a veces no se le entendía, tema que se agravaba cuando, durante una escena de reclamo, gritaba exasperada. La actuación estuvo bien, la dicción es el elemento a pulir.

En cuanto a Andrés, su dicción era más clara ciertamente, pero a veces sus gestos faciales no correspondían -al menos así me lo parecieron- a lo que se estaba diciendo, como cuando se ha repasado por cuestión de los ensayos, esa misma frase y escena y se hace ya con desenfado que no es precisamente el gesto necesario.

En uno de los siete momentos recreados, está el del uso de “molly”, la droga que ahora los jóvenes la inhalan como si fuera un juego y no pude dejar de pensar en que esta peligrosa manera de “divertirse” de la juventud actual, que a mi me parece habla de un gran tedio y de la búsqueda de evasión que enfrentan, lo interesante sería saber la razón de ello. Actoralmente, es quizá una de las escenas más intensas pues se recrea una relación sexual bajo el efecto de la droga. No es que sea timorata, pero la escena se podría haber tratado con más “sugerencia”. No dejo de reconocer, sin embargo, la audacia de las parejas participantes.

Pero digamos que lo todo lo anterior fueron los menos momentos, y si los señalo es porque son áreas de oportunidad para mejorar, y porque vi en estos jóvenes e independientes actores, un potencial enorme para seguir haciendo teatro aquí en nuestra Salamanca. Y debo además reconocerles que sostuvieron con gran ritmo la obra; que el manejo de escenografía fue muy dinámico, utilizando las propias bocinas como asientos y mesa; que las canciones que adicionaron quedaron acordes con lo representado; que sabiendo que todo lo utilizado: mamparas, equipo de audio, vestuario, y aún el decorado para el muro del fondo, fueron aportaciones del propio grupo. Y, es más, que tuvieron que vender boletos habiendo obtenido buena respuesta. Solo agrego un detallito más: el programa de mano para que los participantes vayan haciendo un nombre.

Talento nuevo y joven llega al teatro con este grupo. Si esto se hizo ahora, imaginemos cuánto pueden lograr más adelante. ¡Larga vida al grupo Indi!

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