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México: contrato social fallido

Es evidente que la mejor comunidad política

 es la de la clase media, y que puede tener

 un gran gobierno, aquella ciudad donde

 sea más numerosa a ambos extremos sociales”.

Aristóteles

                                                            Araceli Velasco Bonilla 

Desde el siglo XVI se empezó a desarrollar en Europa una teoría elaborada por diferentes teóricos de la Ciencia Política a la que se conoce como Contrato Social. Este fue ya el nombre que le dio Juan Jacobo Roseau (1712-1778). Dicha teoría hace referencia al abandono del poder y de la fuerza física que hacen los seres humanos transformados en ciudadanos, y para depositar su poder en un ente superior llamado Estado.

El objetivo de que los ciudadanos renuncien o cedan su poder a esa organización social llamada Estado, tiene como objetivo: “Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda la fuerza común la persona y los bienes de cada asociado…”1

Es decir, esta organización social deberá proteger a los seres humanos para evitar que se destruyan entre sí y para salvaguardar y proteger sus bienes. Para eso el estado crea instituciones a fin de ejercer el uso legítimo de la fuerza pública a través del ejército, la policía o instituciones jurídicas que establezcan castigos a quienes agredan a otro ciudadano.

Tomas Hobbes (1588-1679) también habló de esa relación entre los seres humanos sobre ese ente al que él equipara con un Leviatán, que es un demonio acuático de la mitología medieval. Un demonio omnipotente y omnipresente que todo lo puede y al cual, “una multitud de hombres convienen y pactan por un representante”2 (Estado).

En ese sentido, el derecho otorgado en ese pacto o contrato social se pierde, en el momento en que el Estado a través de los representantes (llámense monarca, presidente, etc.), incumplen la obligación de proteger la vida, la seguridad y las propiedades de los gobernados.

Cuando la criminalidad aumenta y afecta gravemente los aspectos mencionados en los ciudadanos, se pierde la razón de ser del Estado y el poder que los ciudadanos le otorgan. Se habla entonces de un Estado fallido.

Más claramente, el Estado fallido es cuando este ente ha faltado en su tarea de garantizar el acceso a servicios básicos para su población (salud, educación, agua potable, empleo, etc.), además de otros factores que se miden en los siguientes rubros:

  • Corrupción Política e impunidad
  • Contaminación ambiental
  • Incontrolables niveles de criminalidad, delincuencia organizada
  • Inseguridad de la población
  • Fuerzas del orden público y autoridades coludidas o cómplices de los grupos delincuenciales
  • Terrorismo y narcotráfico
  • Altos niveles de informalidad y pobreza
  • Pobre o inexistente aplicación de la ley (falta de Estado de Derecho)

Estos aspectos entre otras características.

Bajo estas condiciones visibles a cualquier ciudadanos, el Contrato Social que da origen al Estado se ha venido deteriorando desde décadas atrás en nuestro país, y de deber ser un organismo social encargado de satisfacer y cumplir con las funciones que les fueron conferidas por los gobernados, y por las cuales, además, los representantes devengan un salario bastante decoroso, se han tomado la libertad de hacer un manejo ilegal de los recursos económicos, causando daño patrimonial a la población.

Este Estado Mexicano que surge prácticamente después de la guerra de Reforma, y que se comenzó a consolidar en la época post revolucionaria, hoy en día se encuentra en su peor momento por el aumento de los índices de medición mencionados líneas arriba, y que hablar de ellos implicarían una tesis de maestría o por lo menos otro artículo periodístico.

Ante el inminente proceso electoral próximo a iniciar en el mes de septiembre de 2023, las diferentes fuerzas políticas a contender deberán replantearse que este nuevo Contrato Social fortalezca a los gobernados, y no sólo a los representantes que se sirvan del poder conferido para beneficiarse ellos mismos, habiendo dado origen a una clase política corrupta, egoísta e ineficiente.

Se requiere volver a la ciudadanía, no solo para utilizarla a través del voto, sino para acabar de tajo con todo este deterioro grave del servicio público que lo vincula con criminales, que tanto han puesto en riesgo a la población. Se requiere un gobierno equilibrado, apegado al derecho y garante de respetar los derechos humanos y una vida digna para la población.

Se vale soñar. Ojalá México ya pise fondo y tengamos la esperanza de una vida mejor para todos, sin odios ni divisiones. Un México unido que deje atrás el divisionismo. Hagamos votos para que así sea.

Referencias bibliográficas:

  1. Rousseau, Juan Jacobo, El Contrato Social, editorial FCE, México, 1983
  2. Hobbes, Tomas, El Leviatán, editorial FCE, México, 1983

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